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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 186

—Ya, cámbiate tú primero, yo te espero afuera.

En ese momento Alexis sentía que necesitaba un cigarro para calmarse.

Marisol dudó un instante, tragándose las palabras, pero al final se animó:

—Alexis, la última vez que vi al hombre que estaba con Carolina, no era tu tío. ¿Será que Carolina anda jugando con varios a la vez?

Cada palabra de Marisol le retumbaba en la cabeza a Alexis, y le revolvía más el estómago.

No importaba con cuántos estuviera Carolina, ahora eso ya no era su problema.

Aun así, una rabia sin nombre le prendía fuego por dentro. Alexis, con la voz cada vez más tensa, soltó:

—Ya basta, tú cámbiate primero. Lo que tengas que decir, lo dices después.

Se aferró a la idea de que, pasara lo que pasara, no podía perder la compostura en su boda.

Su figura alta y seria se recargó como una escultura en el descanso de la escalera. Sacó el encendedor del bolsillo, y al prender el cigarro, el humo le cubrió la cara, ocultando cualquier emoción.

¿Desde cuándo habían empezado a coquetear Carolina y su tío?

Las escenas se le pasaban una tras otra en la mente, como si alguien hubiera puesto la película de su vida en reversa.

Recordó el día en que Carolina fue a romper el compromiso, cuando su tío, sin motivo, se puso de su lado y hasta la animó.

Recordó también aquel accidente: cuando iba camino a la casa de Carolina, fue el chofer de su tío quien le chocó el carro y le abolló la puerta.

Y ahora, incluso en su propia boda con Marisol, fue su tío quien anduvo metiendo cizaña con el abuelo.

De pronto, los ojos de Alexis se entrecerraron, como si acabara de entender por fin la jugada.

¡Su tío lo tenía planeado desde antes!

¿Cómo no se había dado cuenta antes de esas intenciones tan bajas?

La brasa del cigarro parpadeaba entre sus dedos, reflejando la furia que ardía en sus ojos.

Ese hombre era su tío, el adulto de la familia que más respetaba, pero en realidad había estado esperando el momento perfecto para arrebatarle a su mujer.

Alexis apagó el cigarro, lo aventó al bote de basura y, con el enojo a flor de piel, se dirigió de vuelta al salón de la fiesta.

...

Tadeo iba rumbo al descansillo para buscar a su hijo, pero se topó con Alexis justo cuando este venía con la cara desencajada por la rabia. Tadeo frunció el entrecejo.

—Alexis, ¿ahora qué piensas hacer?

Jadeando por la ira, Alexis replicó:

—¡Papá, voy a hablar con mi tío! ¡Todo esto lo tenía planeado desde antes!

A Tadeo se le marcó una vena en la sien y le contestó con tono severo:

—Je, a lo mejor nomás la ayudan porque le da lástima a la gente. ¿Quién sabe si de verdad se casó o solo están fingiendo?

Solo Pablo sentía el pecho lleno de orgullo.

¡Vaya! Nunca imaginó que su hija mayor en serio se casara con Mauro.

¡Perfecto! Al final, esos veinticinco mil pesos que invirtió en acciones no fueron en vano.

Mauro echó un vistazo alrededor, notando cómo todos lo veían, algunos con duda, otros con recelo.

Muchos pensaban igual que Estela y Zoe: que Mauro nada más había traído a cualquier mujer para tapar el hueco.

Pero a él no le importaban las miradas ajenas. Colocó la mano sobre el respaldo de la silla de Carolina y se inclinó hacia su oído:

—Carito, ¿hoy te divertiste?

—¡Cof cof! —Carolina casi se atragantó con el agua.

Mauro le acarició la espalda con dulzura—:

—Tómalo con calma, me refiero a si te gustó cómo aprovechaste el momento para callar bocas.

Carolina le lanzó una mirada entre divertida y fastidiada. Este hombre, ¿por qué nunca puede decir las cosas de una vez?

Él solo sonrió, bajando la mirada, con una ternura tan desbordante que dejó a todos los que esperaban verla fracasar, sin palabras.

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