Esa comida, salvo por Mauro y Carolina, fue una pesadilla para los demás.
Benjamín por dentro quería proteger a su hijo menor, pero tampoco podía herir los sentimientos de su nieto mayor.
Pero, la verdad, el corazón de las personas es caprichoso, y nadie puede garantizar que será justo con todos.
...
Después de la comida, Mauro y Carolina regresaron a su casa como era costumbre.
Benjamín, con tono grave y cargado de intención, llamó a Alexis a su estudio.
—Alexis, ¿de verdad ya no quieres intentar con Marisol?
Suspiró, dejando que el aire pesado llenara el silencio.
—Cuando tu abuela vivía, fue ella quien arregló el compromiso con la familia Sanabria. Tú aceptaste a regañadientes, y luego la dejaste esperando, sin querer casarte. Dices que te gusta Marisol, yo lo sé. Pero, ¿alguna vez pensaste por qué tu abuelo no te permitió estar con ella?
—Marisol era menor de edad en ese entonces, y tú te lanzaste sin pensarlo. Si la gente se enteraba, ¿qué iban a decir de nosotros, la familia Loza?
—Bueno, te aferraste a estar con ella, y eso hizo que Carolina viniera a cancelar el compromiso. Ahora que ella ya terminó contigo, y tú por fin estás con Marisol, ¿por qué sigues con esa cara?
—Piénsalo bien, ¿lo que no soportas es que Carolina se casó con Mauro, o simplemente te pesa verla casada con alguien más?
—Pero al final, ahora ella es tu tía política. Aunque te arrepientas, en este mundo no existe un remedio para el arrepentimiento.
—No es por desanimarte, pero tu tío no se tentará el corazón con quien se le acerque, ni aunque seas de su propia sangre.
Dicho esto, Benjamín supo que no valía la pena seguir hablando.
Alexis salió del estudio de su abuelo sin decir palabra. Tadeo, al verlo así, quiso decirle algo, pero al final solo apretó los labios y se guardó los comentarios.
...
Mientras tanto, Petra llevó a Marisol a su cuarto.
—Marisol, hija, no le hagas caso a Alexis, él es así. No te tomes nada personal ni le des muchas vueltas. Lo importante ahora es que tengas un hijo, ¿me entiendes?
Por dentro, Marisol soltó una risa amarga. ¿Un hijo?
Con la actitud que tenía Alexis hacia ella, ¿de verdad un hijo podría atarlo?
—¡Claro, mamá! Muchas gracias. Usted sí me consiente.
...
Al terminar la reunión familiar, en el carro, Carolina recibió la llamada de Natalia.
[Carito, ¿andas ocupada? Sigo en el bar donde estuvimos la otra vez. Me siento mal, ¿puedes venir a platicar conmigo?]
Carolina revisó la hora: apenas eran las ocho y media. Miró de reojo al hombre a su lado y, tapando el teléfono, le contestó a su amiga:
—Va, pero me tardo como media hora en llegar. No te pongas a tomar sola, ¿sí? Espérame.
Colgó y se volteó hacia Mauro, con una sonrisa incómoda.
—Mauro, tengo un asunto que atender. ¿Podrías pedirle al señor Sebastián que me deje en la próxima esquina?
—¿Y a dónde vas? —le preguntó Mauro, arqueando la ceja, arrastrando las palabras—. ¿Será que quieres dejarme para irte de fiesta sola?
—No voy de fiesta, solo te estoy avisando —murmuró Carolina, inflando las mejillas.

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