Carolina estaba sentada en una de las sillas del pasillo. Apenas desbloqueó su celular, las notificaciones de Twitter la bombardearon con las tendencias del momento.
El nombre del jefe aparecía en los hashtags, también el del becario Nicolás, y hasta el suyo propio se había colado en la lista de lo más comentado.
Los ojos de Carolina se endurecieron. Uno por uno, fue abriendo los temas.
[#OfertaDeCorazón# El abogado Hugo termina hospitalizado por culpa de un becario!]
[#ParticipanteNicolás no acepta su calificación y hace enojar a su mentor#]
[#Bufete Majestad: el abogado y su aprendiz traicionero#]
Para Carolina, aquello era un verdadero caos. Los comentarios de la gente no tenían ni pies ni cabeza.
Algunos defendían a Hugo con furia, otros la insultaban a ella por haberle contestado a Marisol y la tachaban de maleducada. Pero la mayoría dirigía sus dardos al único que parecía un “ciudadano común”: Nicolás.
El equipo del programa publicó un comunicado para calmar a la audiencia, asegurando que Hugo estaba bien, que solo se había desmayado por un episodio de presión alta.
Sin embargo, Marisol, durante la transmisión en vivo, había manipulado la situación de forma descarada.
La gente no les creyó ni una palabra, y la indignación terminó por salpicar al equipo de producción, a Carolina y, sobre todo, a Nicolás.
[Carito, ¿tu jefe está bien? ¿Ya viste lo que está pasando en las redes? Esa Marisol está fuera de sí, ¡no te deja en paz!]
[Ya le pregunté a mi representante, tu trending lo compró ella. Seguro está ardida porque la enfrentaste en el programa.]
Carolina frunció el ceño. ¿Por qué Marisol no aprendía la lección?
¿Tan rápido había olvidado la vez que tuvo que disculparse públicamente?
[Mi jefe está bien, Natalia. ¿Y después, qué hizo el equipo de producción?]
[Cancelaron la grabación, dijeron que se reanuda más tarde. Escuché que los de producción llamaron a Nicolás a una junta larguísima; salió de ahí llorando.]
[Siento que ese chico no soporta tanta presión. Si puedes, échale un ojo, creo que le pidió a producción sus datos para contactarte.]
Carolina revisó su registro de llamadas. Efectivamente, al final de la lista había una llamada perdida de un número desconocido.
Justo cuando se preparaba para devolver la llamada, Mauro apareció.
Carolina levantó la mirada.
—¿Terminaste de platicar?
—Sí —la voz del hombre sonó extrañamente seca, lo que le apretó el pecho a Carolina.
Ella forzó una sonrisa.
—Perdón, todo pasó tan rápido, justo antes de que llegaras estaba a punto de llamarte.
—No tienes que darme explicaciones, ya me enteré. No te estoy reclamando —Mauro bajó ligeramente la mirada—, solo estoy un poco dolido.
...
¿Dolido?
La voz de Mauro se percibía ronca, cansada, y con una pizca de tristeza imposible de ocultar.
—Ojalá la próxima vez seas tú la primera en devolverme la llamada, ¿sí, amor?
Carolina tragó saliva.
—Te lo prometo.
Mauro, con la mano en el bolsillo, observaba todo en silencio, sus ojos fijos en las tendencias ardientes de Twitter, como si pudiera congelarlas con la mirada.
Así que sus palabras ya no tenían peso, pensó. Hay quienes nunca entienden de razones.
Mauro se fue al área de las escaleras para hacer una llamada.
—Kevin, consigue dos cuidadoras profesionales para el abogado Hugo. Y encárgate de limpiar todo lo de los trending en redes.
—¡Entendido, Sr. Loza! La tendencia de la señora ya fue eliminada.
—Bien. Llama a Alexis y dile que Marisol queda suspendida de inmediato. Si se niega, que se olvide de ser presidente de EntreteniMax.
Kevin captó el tono de enfado de su jefe.
—Sí señor, me encargo ya.
-
Carolina intentó llamar a Nicolás varias veces sin éxito. Luego revisó Twitter.
Aunque el tema empezaba a bajar, la publicación donde Nicolás anunciaba su participación en el programa ya acumulaba más de cincuenta mil comentarios insultándolo.
Carolina contactó al Sr. Ulises para que le diera la dirección de la casa de Nicolás. Iba a ir en persona.
Mauro la detuvo tomándola de la muñeca.
—¿A dónde vas? Tranquila, yo te llevo.
Carolina apenas logró asentir, preocupada, y juntos salieron de inmediato.
Al llegar a la pensión donde vivía Nicolás, lo primero que vieron fue un par de zapatos suyos sobre el tapete de la entrada.

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