—¿A quién insultó? ¿Acaso no estaba tratando de tranquilizar a la paciente?
—Departamento médico, ¿pueden venir un momento? Un familiar de paciente está armando escándalo, gracias.
Sin más, el doctor presionó otro botón y se dirigió a Petra con voz firme:
—Señora, ya revisé los resultados de sus exámenes. Si no hay nada más, le pido que salga, voy a atender al siguiente paciente.
Tadeo, avergonzado, jaló a Petra fuera del consultorio antes de que siguiera haciendo más escándalo.
—¡Ya basta! ¿No te parece suficiente la vergüenza?
Petra temblaba de coraje, sus manos sudaban por la rabia contenida.
Solo Alexis sabía que era imposible que Marisol estuviera embarazada.
Apenas habían estado juntos dos veces; no era tan fácil que sucediera algo así.
—Papá, mamá, voy a internar a Marisol para que descanse y se recupere. Ustedes regresen a la casa, ¿sí?
Tadeo soltó un suspiro.
—Está bien, quédate con ella. De todos modos, no podrá quedarse mucho tiempo aquí en el país.
En ese momento, Tadeo se arrepintió profundamente de no haber detenido a su hija antes de regresar; sentía que si hubiera hecho algo, todo lo que pasó después jamás habría sucedido.
Ya no tenía caso decir nada más. Tadeo y Petra se marcharon, dejando a Alexis y Marisol solos en la habitación del hospital.
...
Después de que le pasaron casi toda la botella del suero, Marisol empezó a despertar poco a poco.
—Alexis, ¿dónde estoy? —preguntó, sintiendo el olor a desinfectante típico de los hospitales—. ¿Estoy enferma?
—Nada grave, fue anemia y un bajón de azúcar. Quédate en observación esta noche, mañana nos vamos a casa.
Marisol miró a su alrededor y, al ver que solo Alexis la acompañaba, se sintió conmovida. Tomó su mano grande y cálida, y con el dedo pequeño le hacía cosquillas suaves en la palma.
—Alexis, ¿de verdad no te irás conmigo?
Alexis apretó los labios y retiró despacio su mano.
—No puedo dejar EntreteniMax tirado.
—Marisol, no tengo acciones en Grupo Loza, EntreteniMax es lo único que es completamente mío.
Carolina se quedó pasmada, mirando al vacío.
No se atrevía a pensarlo a fondo.
Desde el día en que Mauro regresó, nunca dejó de apoyarla, estuviera donde estuviera. Incluso antes de casarse, Mauro le lanzaba indirectas; tenía todo listo desde antes: el vestido, los anillos.
Carolina no quería hacerse ilusiones, por miedo a que todo fuera solo producto de su imaginación.
Pero no podía evitar pensar en ello.
Jamás nadie había puesto su vida en segundo plano por ella. Mauro pudo dejar que Nicolás se hundiera solo, pero decidió lanzarse a ayudarlo.
Carolina no se sentía una mártir, tampoco creía que Nicolás debiera morir. Ni por su historia, ni por el impacto negativo que una tragedia así traería a Mauro y la firma de abogados. No quería que Nicolás muriera.
Pero para Mauro, Nicolás no era más que un desconocido. Mauro era un tipo calculador, alguien que siempre veía el trasfondo de las cosas.
Así que ese impulso de salvarlo… solo podía ser por ella.
—Moni, no sé… Pero entre tu tío y yo… —Carolina rebuscó entre sus recuerdos, pero seguía igual de confundida—. Antes de esto, casi ni convivíamos.
¿Fue todo planeado desde antes? ¿O fue un flechazo desde la primera vez?

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