—Aunque después me porté tan bien con ella, siempre estuvo a la defensiva conmigo. ¡Ni siquiera me dejó ir a la boda! Y dime algo, ¿de verdad crees que no me guarda rencor?
¿Rencor?
¿Cómo podría guardarme rencor? ¡Si soy su papá!
Pablo frunció el ceño, claramente molesto.
—Estela, ¿qué cosas estás diciendo? Mi hija podrá ser un poco terca, pero de ahí a odiarme, eso sí que no.
—No te voy a mentir, hoy volvió a buscarme para ponerme condiciones. Dijo que si nos divorciamos, entonces estaría dispuesta a dejar que Mauro ayude a la empresa.
Pablo soltó una risa forzada.
—Estela, tú has visto cómo la empresa llegó a donde está. ¿Y si hacemos como que nos divorciamos nada más?
—¿Divorciarnos?
La cara de Estela pasó de la sorpresa al enojo en cuestión de segundos.
—Vaya, Pablo, ahora entiendo por qué andas tan amable hoy. ¿Así que todo era para sacarme el tema del divorcio?
—Ya casi cumples cincuenta años, ¿y vienes a hablarme de divorcio ahora?
Pablo no esperaba que reaccionara tan fuerte. Se apresuró a tranquilizarla.
—No te alteres, Estela. Dije que sería un divorcio falso. Si quieres, hasta te firmo un papel. Apenas entre la inversión de Mauro y la empresa salga a flote, volvemos a casarnos sin que Carolina se entere. ¿No crees que es lo mejor?
—Mira, Estela, sabes bien lo que hay. Si la empresa se viene abajo, ¿qué será de ti y de Zoe? Si tienes que regresar con tu familia, se van a burlar de ti. No quiero que eso pase, pero ya no tengo otra salida.
Las mentiras descaradas de Pablo hicieron que Estela temblara de rabia.
Jamás pensó que, recién pasada la cuarentena, ya estaría enfrentando la posibilidad de un divorcio.
Pero, ¿tenía acaso derecho a negarse?
—Muy bien —dijo Estela, sintiendo una profunda desilusión—. ¿Quieres divorciarte? Entonces también me toca una parte de todo lo que está a tu nombre.
Pablo se quedó helado.
—Estela, pero es un divorcio falso...
—No quiero nada de la empresa, pero no aceptaré quedarme sin nada. Si después no te vuelves a casar conmigo, ¿con qué me quedo yo?
Pablo se llevó la mano a la sien, resignado y fastidiado.

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