Después de un beso larguísimo, Carolina quedó sin aliento, respirando entrecortado.
—¡Mauro, qué tacaño eres! —le reclamó, aún con las mejillas encendidas.
Solo le había pedido que fingiera con ella un momento, sin gastar ni un peso, ¿por qué tenía que cobrarle intereses de esa manera?
—¿Tacaño?... —Mauro se pasó la lengua por los labios, saboreando el momento—. Si piensas que fui tacaño, ¿qué tal si te demuestro cómo es cuando no lo soy?
No le dio tiempo ni de contestar. Mauro volvió a besarla, esta vez con aún más intensidad.
...
Al día siguiente, Carolina salió con sus tacones resonando por todo el pasillo, llena de furia. Ni siquiera entró a desayunar al restaurante, simplemente se fue como una ráfaga de viento, dejando a todos sorprendidos.
El mayordomo, al verla marcharse así, se acercó a Mauro, que desayunaba con toda calma.
—Señor, ¿usted y la señora tuvieron una pelea?
—¿Pelea? —Mauro cortó un pedazo de pan y, sin perder la compostura, respondió—. Estamos en plena luna de miel, ¿tú crees que habría peleas?
Dejó el cuchillo y el tenedor a un lado y se acomodó la corbata. Recordó que el carro de Carolina estaba en el taller desde ayer, así que probablemente ella todavía no se había ido muy lejos.
La verdad, la noche anterior no había planeado nada, pero esa pequeña conejita no dejaba de moverse en sus brazos... Y bueno, cuando quiso escapar, ya era demasiado tarde.
La presa había caído en las garras del lobo.
Por fuera, Mauro parecía tranquilo, pero caminó con prisa al salir. Sin embargo, al abrir la puerta principal, solo encontró el portón vacío.
...
¿Dónde se había metido?
-
Tras unos días de permiso por su boda, Carolina volvió a la oficina.
No llegó con las manos vacías: les llevó a todos montones de dulces de boda.
Fabián y los demás se quedaron impactados. ¿Cómo era posible que Carolina se hubiera casado de repente? Esa boda exprés los tenía desconcertados.
El único del bufete que asistió a la boda fue Hugo, y él sí sabía el secreto: Mauro era el esposo de Carolina.
Aquella noche, Hugo terminó sorprendido. El evento estuvo lleno de personalidades importantes, gente de todos los rincones del país y hasta compartió mesa con varios de ellos. Por más que intentó mantener la calma, su corazón dio un par de saltos.
Además, Mauro se acercó personalmente a brindarle. Con eso, quedaba claro el lugar que Carolina ocupaba en su vida.
Justo entonces llegó Hugo. Alejandra, llena de cosas que quería decir, se las guardó y salió de ahí con un suspiro de fastidio y los ojos en blanco.
Hugo frunció el ceño, mirando la espalda de su exesposa.
—¿Y esa qué hacía aquí?
—Nada, solo vino a armar lío. Tranquilo, no puede con nosotras.
—¡Sí, sí! Carolina la puso en su lugar, la dejó pálida —añadió otra compañera, soltando una risita.
...
De regreso en su oficina, Alejandra seguía mascullando su enojo. Cuanto más pensaba en Carolina, menos la soportaba.
Desde lo del proyecto del Grupo Loza, la posición de Carolina en el bufete no hacía más que subir. Incluso el señor Ulises pensaba siempre en ella para las mejores oportunidades.
¿Y ella? Con sus más de diez años de experiencia, ¿por qué tenía que estar por debajo de esa mocosa?
Justo entonces, Rafael llegó temprano y se topó con la cara amargada de Alejandra.
—¿Y ahora qué? ¿Quién te hizo enojar desde tan temprano?

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