Mauro actuó con una rapidez que no daba espacio a dudas. Llamó por teléfono a su papá y a su hermano mayor, y dejó que su hermano se encargara de los asuntos de la compañía durante los próximos seis meses.
Su asistente Kevin lo apoyó en todo momento, facilitándole las cosas. Medio año no era tanto; no veía que las cosas pudieran cambiar demasiado en ese lapso.
Después, le pidió a Simón que le enviara algunas de sus cosas personales hasta donde él estaba.
Mauro había decidido que, por lo que restaba de esos seis meses, no se iba a ir de ahí.
No podía estar tranquilo sabiendo que esa cosita —Carolina— andaba sola por aquí.
Sin perder tiempo, Mauro fue a platicar con la roomie de Carolina. Le dijo que él se encargaría de pagar la parte de la renta de Carolina. Ella ya no regresaría a vivir ahí.
La roomie solo pudo suspirar ante la actitud dominante del esposo de Carolina.
Pero de todo eso, la mujer que dormía profundamente no tenía ni la menor idea.
Y para atar todos esos cabos, Mauro solo necesitó dos horas.
...
La roomie llegó al hospital cargando una olla de sopa.
—Señor Loza, aquí está la sopa que pidió. Por aquí casi no hay restaurantes latinos, pero esta es la mejor de la zona.
Mauro ya le había dado un buen dinero a la roomie la primera vez que la vio. Se levantó y volvió a agradecerle:
—Perdón por molestarte, en verdad. No me dio tiempo de traer a alguien más, así que te lo agradezco mucho.
La roomie agitó la mano, quitándole importancia.
—No pasa nada, de verdad. Además, usted ya me pagó muy bien, señor Loza.
Lo que le había dado Mauro alcanzaba para cubrirle toda la colegiatura del semestre.
...
Cuando Carolina despertó, vio que la silla de al lado estaba vacía y puso cara de decepción.
—Ya lo sabía... Todo fue solo un sueño —murmuró, haciendo un puchero.
Pero justo en ese momento, la puerta volvió a abrirse. El hombre que ella pensaba que solo vería en sueños entró, esta vez de verdad.
Ella arqueó las cejas, sorprendida.
—¡Viniste de verdad!
Mauro, sin prisa, sacó el termo y sirvió con cuidado la sopa caliente, sentándose a su lado en la cama.
—¿Qué esperabas? ¿Creíste que eras un fantasma o qué?
VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Tío que Robó Mi Corazón