El inesperado incidente en la fiesta dejó a Orlando sumamente molesto consigo mismo por no haber cuidado mejor de su hermana.
—Perdóname, Natalia —susurró con pesar.
Natalia negó con la cabeza y trató de esbozar una sonrisa.
—No pasa nada, hermano. Solo me asusté un poco, pero ya estoy bien.
El médico de la familia había ido momentos antes a revisar las heridas de Natalia. Por fuera lucían alarmantes, pero en realidad solo eran unos cuantos rasguños y golpes leves.
—Hermano, por favor no le digas nada de esto ni a papá, ni a mamá, ni al abuelo. No quiero que se preocupen de más.
Orlando quiso insistir, pero al ver la determinación de su hermana, prefirió no contradecirla.
—Está bien, descansa temprano, ¿sí?
Aún tenía asuntos pendientes con uno de los tipos que habían causado el problema esa noche.
...
Ya en su habitación, Natalia se tumbó en la cama y, mientras cerraba los ojos, la imagen de Lucas con el rostro endurecido y esa intensidad en la mirada volvió a cruzarse por su mente. Respiró hondo, tratando de tranquilizarse.
La última vez que lo había visto así de furioso, fue durante su segunda película.
Natalia acababa de regresar al país y había firmado con una agencia de representación que no era precisamente de las más reconocidas.
La agencia era pequeña, sin mayores recursos ni contactos, así que conseguir buenos papeles era casi imposible.
En aquel entonces, gracias a la primera película en la que participó, Natalia había conocido a un actor veterano y con su ayuda se la pasaba yendo de audición en audición.
Apenas empezaba a salir con Lucas y, en ese momento, no le gustaba la idea de que él la acompañara a todas partes.
Natalia sentía que la trataban como si fuera una mantenida.
Lo único que ella deseaba era una relación sencilla con Lucas. Su cariño era genuino: le gustaba por su personalidad y, siendo sincera, también porque en la cama no decepcionaba.
No quería que el dinero o los favores se interpusieran entre ambos.
Durante su segunda película, le ofrecieron el papel de la segunda protagonista. Antes de firmar, el productor organizó una cena con los miembros principales del elenco y algunos personajes secundarios.
Era la primera vez de Natalia sentándose a la mesa con un productor y desconocía todo sobre los turbios acuerdos que a veces ocurrían en esos ambientes.
No llevó a su representante, para ser exactos, porque su representante pensaba que Natalia era poco conocida y no valía la pena ayudarla.
Al principio, la cena transcurría tranquila, pero pronto el productor empezó a comportarse de manera descarada.
—A ver, inténtalo. Grita todo lo que quieras, nadie va a venir a salvarte. Después, hasta te ayudo a llamar a la policía si quieres.
—Natalia, eres demasiado ingenua.
Retrocedió paso a paso, hasta que vio el jarrón sobre la mesa. Sin pensarlo, lo tomó y lo estrelló contra la cabeza de Uriel.
El golpe lo dejó aturdido. Un hilo de sangre comenzó a bajar por su sien, pero aun así, con la mirada encendida y las manos temblorosas de rabia, se lanzó sobre Natalia, intentando arrancarle la ropa.
—¡Maldita! ¿Te atreves a golpearme? Te voy a desnudar, les voy a tomar fotos y las publicaré en internet. ¡Quiero ver cómo piensas volver a trabajar en el medio!
Cuando la desesperación estaba a punto de envolverla, la puerta se abrió de golpe. Lucas entró y, sin decir palabra, se abalanzó sobre Uriel, golpeándolo hasta que tuvieron que separarlo a la fuerza.
A partir de ese día, Lucas marcó a Natalia como suya. Como si le hubiera puesto un sello invisible.
Fue entonces cuando Natalia de verdad se enamoró de él.
...
Al dejar atrás esos recuerdos, Natalia se obligó a relajarse y buscar el sueño.
La mañana siguiente, tras una noche tranquila y sin sobresaltos, despertó sintiéndose en paz consigo misma.

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