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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 452

Todo había quedado atrás.

...

—Natalia, escuché a través del señor Arón que ayer no pudiste ver a Zacarías, ¿cierto?

Bianca preguntó con cautela.

A Natalia se le hizo un nudo en el pecho solo de pensar que su cita a ciegas era hermano de Lucas.

—Mamá, la verdad siento que no tengo nada en común con ese tipo, ¿por qué no mejor lo dejamos así?

—Natalia, ¿cómo sabes que no te conviene si ni siquiera lo has visto?

—¿Ya no te acuerdas que de niña te la pasabas persiguiéndolo para jugar? ¿Tan rápido lo olvidaste?

Si por ella fuera, ni quería acordarse de eso.

Soltó un suspiro resignado.

—Mamá, eso fue hace mucho. Apenas y si tenía cinco años.

—¿Y qué tiene? ¡Eso sí es crecer juntos desde chicos!

Si su hermano mayor no estuviera en la oficina, Natalia hasta le hubiera pedido que la salvara.

—Ya te mandé la dirección. Ve a este restaurante, por favor, no hagas que tu abuelo se preocupe.

Natalia: .......

Así que ni ella podía librarse de la presión familiar para casarse.

Aunque su familia llevaba años viviendo en el extranjero, de eso nadie se escapaba.

...

Zacarías también tenía dolor de cabeza.

—Abuelo, te lo pido, no me interesa esa tal Natalia. ¿Puedes dejar de insistir, por favor?

Aunque quisiera, no podía tener interés.

¿Cita a ciegas con la exnovia de Lucas? ¿Acaso quería que le acortaran la vida?

—No me importa si te interesa o no, hoy tienes que ir sí o sí. Si llegas tarde, te voy a cancelar todas tus tarjetas adicionales esta misma noche. Ni pienses en gastar ni un peso más.

Sin remedio, Zacarías fue al restaurante a cumplir con la misión que le encargó el abuelo.

Cuando llegó, Natalia ya estaba ahí.

—Hola, hermanita —saludó Zacarías con cortesía.

Natalia respondió con una sonrisa que no se decidía entre burla y cortesía.

—Hola.

Su tono era tan educado como distante, imposible de describir.

Zacarías se aclaró la garganta.

—Bueno, yo ya sé todo lo tuyo, así que... hoy solo venimos a cumplir, ¿me entiendes?

Natalia sonrió.

—Jaja, no pensé que fueras tan ahorrador —le soltó Natalia.

Zacarías fingió una sonrisa.

—Pues hay que cuidar donde se puede, y gastar donde se debe.

Después de todo, uno nunca sabe cuándo al abuelo se le ocurre bloquearle las tarjetas.

Se despidieron con toda la cordialidad posible, tan en sintonía que ambos sabían que esa noche regresarían a casa diciendo que no hubo química.

...

Apenas Natalia salió, entró la llamada de su hermano mayor.

—¿Bueno, hermano?

—¿Qué tal? ¿Se vieron? —preguntó Orlando con voz tranquila.

—Nada que ver, hermano. Hoy mismo le voy a decir a mamá que no sentí nada y que él tampoco se interesó.

—Eso está bien. Pero en la mañana mamá me llamó, que si hoy no funciona, ya tiene lista otra cita para mañana.

—¿No puedes ayudarme a convencerla? —Natalia casi suplicó.

Orlando soltó un suspiro resignado.

—Natalia, ni yo puedo librarme de esto.

Vaya, casi se le olvidaba que su hermano también seguía soltero.

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