—El día de la boda, voy a elegir algo más suave, ¿va? Pablo, no te preocupes, la boda se va a hacer como está planeado.
—¡Señor Pablo! ¿Por qué anda escondido aquí tomando aire?
Desde el otro lado del teléfono, Estela alcanzó a escuchar una voz femenina, aguda y coqueta. El gesto se le endureció al instante.
—¿En dónde estás ahora? ¿Otra vez andas en alguna reunión o qué?
Pablo carraspeó, buscando sonar tranquilo.
—Club Época Dorada. La que pasó hace rato era solo una mesera, no te hagas ideas raras, Estela.
Sin decir más, cortó la llamada por su cuenta.
Estela, que ya tenía algo de sueño, terminó por espabilarse de golpe. Miró la hora en la pantalla y, tras pensarlo apenas un segundo, marcó otro número.
—Disculpe, ¿el señor Pablo está ahorita en el Club Época Dorada?
No sabía bien qué le respondieron, pero la seriedad se le pintó en la cara. Se levantó, fue al vestidor y se cambió la pijama por ropa de calle, lista para salir.
En ese momento, su carro pasó justo junto al lujoso carro de Mauro, rozándose apenas en la entrada.
...
Mauro estacionó su carro frente a la mansión Sanabria. Observó la puerta principal, cerrada a piedra y lodo, y sacó su celular para marcarle a Carolina.
Carolina, por su parte, acababa de escuchar cómo un carro salía del garaje. Ahora, en la casa solo quedaban ella, un montón de empleados y los guardaespaldas. Era el momento perfecto para escapar.
De pronto, el celular vibró. Vio en la pantalla el icono de un conejo de ojos rojos. Se quedó atónita. ¿Por qué él estaba llamando?
—¿Bueno? ...Pequeño tío...
—Ya estoy afuera de tu casa. ¿En qué cuarto estás?
Carolina se quedó muda un instante.
—¿Ya sabes todo, pequeño tío?
—Sí. Moni me lo contó todo. Pero aún no me has dicho, ¿en qué cuarto estás?



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Tío que Robó Mi Corazón