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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 77

Todos los presentes se quedaron boquiabiertos.

—¿Pero qué está pasando aquí?

—¿Esto ya no es una boda sino una propuesta de matrimonio? ¿Van a cambiar de novia o qué?

—Pues ni hablar, ¿no? Si el señor Loza nada más tiene ojos para su propia hermana... Jajaja, según esto, muy bonito eso de adoptar a la hija de un amigo, pero aquí entre nos, eso parece más una promesa de matrimonio desde niña.

—¿No vieron el video? La hija adoptiva de la familia Loza apenas tiene dieciséis años... Ay, de verdad, qué cosa tan incómoda.

Los murmullos crecían y crecían, y aunque intentaran hablar bajito, todo llegaba directo a los oídos de Benjamín.

A su lado, Mónica miraba a Benjamín, sintiendo cómo el cerebro le daba vueltas, casi como si le faltara el aire.

—¡Chamaco desgraciado! ¡Me va a matar ese muchacho!

Mónica ni siquiera estaba segura de si su abuelo se refería a su primo Alexis o a su tío Mauro.

Por dentro, le mandó un aplauso a su mejor amiga, y luego, con toda la precisión del mundo, metió la pastilla para el corazón en la boca de su abuelo.

—Abuelo, trate de no enojarse, no vale la pena que se enferme. ¿Se siente mal? ¿Quiere que le presione el entrecejo?

Aunque sonaba muy preocupada, cada palabra de Mónica solo hacía que a Benjamín se le marcaran más las venas de la frente.

—Moni, ¿tú ya sabías algo? —Benjamín masculló la pastilla con el bigote alborotado y los ojos desorbitados.

—¿Cómo cree, abuelo? —se defendió Mónica de inmediato—. Si el primo se metió en problemas, ¡no me eche la culpa a mí!

No pensaba cargar con los errores de Alexis, eso sí que no.

Mientras tanto, el rostro de Marisol se había quedado sin color. Mordía apenas sus labios, sin saber qué hacer ni cómo reaccionar.

Su madre adoptiva, Petra, estaba a solo un paso de ella. Marisol la miró con miedo, con los ojos enrojecidos.

—Mamá...

—¡Cállate! —Petra le lanzó una mirada de desprecio, como si le quemara solo de verla.

Tadeo y su esposa seguían totalmente desconcertados por el giro inesperado de los acontecimientos.

Ellos sabían que Carolina había amenazado con cancelar la boda, pero los Loza les habían jurado que todo seguiría como si nada.

Ahora, con semejante escándalo, nadie tenía idea de cómo arreglar el desastre.

Sobre todo después de que Mauro, con esa bendición pública a sus sobrinos, había dejado al descubierto la relación tan inapropiada de sus hijos.

Lo que debía ser una boda elegante y feliz, se desmoronó en media hora.

...

Alexis, con los ojos rojos de la rabia, seguía sin poder creer lo que veía. Miró a Carolina, furioso.

—Pues aquí estoy, ¿y ahora tampoco le parece?

Los ojos de Pablo ardían de coraje, como si fuera a explotar en cualquier momento.

Levantó la mano con fuerza, dispuesto a soltarle una bofetada, pero alguien detuvo el golpe a medio camino.

Fue Mauro, con el puño firme y los músculos marcados bajo la manga de la camisa.

Su mirada, oscura e imperturbable, se topó de frente con Pablo.

—Pablo, ¿qué pretende?

Pablo era mucho mayor, pero en ese momento, frente a Mauro, se sintió chiquito y sin fuerzas.

Bajó la mano, furioso.

—¿Ahora tampoco puedo disciplinar a mi propia hija?

Mauro, con el tono más seco que nunca, respondió:

—Carito es la que está sufriendo aquí. ¿Qué sentido tiene que la regañe?

Las dos familias se quedaron heladas.

Con esas palabras, Mauro había dejado claro quién era la verdadera víctima de todo ese circo.

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