Tadeo se acercó a Pablo con una media sonrisa que no llegaba a los ojos.
—Pablo, hoy la familia Loza te debe una explicación. Tranquilo, te prometo que lo que te dije lo voy a cumplir.
Por dentro, Tadeo sentía una resistencia enorme, pero no le quedaba de otra.
Después de todo, ya era cuestión de horas para que en internet corriera el rumor de que la hija de la familia Sanabria había sido rechazada por los Loza. Y, viéndolo bien, era cierto que Carolina era la más perjudicada en esta historia.
Le lanzó una mirada complicada a la muchacha que mantenía la espalda tan recta como si nada pudiera quebrarla.
—Carito, lamento que hoy hayas tenido que pasar por esto.
Carolina sostuvo la mirada de Alexis y luego posó sus ojos en el padre de él, sin mostrar emoción.
—Tío Tadeo, no tienes por qué preocuparte. Solo espero que no me culpen a mí, al final de cuentas, solo ayudé a Alexis con ese amor imposible que lleva por dentro.
Luego, sus ojos se clavaron en Marisol, profundos e impenetrables.
—Felicidades, ya lograste lo que querías. Y gracias por pasar a ver a mi abuela ayer, a pesar de tu accidente. Cuando despierte, serás la primera en saberlo.
El corazón de Marisol dio un salto.
¿Ya sabía que ella había ido a ver a la abuela?
Alexis no entendía muy bien, pero sí captó la hostilidad en la mirada de Carolina.
—¿Por qué la tratas así? —recriminó.
Marisol se escondió tras Alexis, fingiendo vulnerabilidad.
—Alexis, creo que Carolina tiene un malentendido conmigo. Yo nunca fui a ver a tu abuela, ayer tú mismo me llevaste directo a casa, y de ahí no salí para nada.
—¡Carolina, deja de buscarle problemas a Marisol! A veces deberías fijarte en tus propios errores.
En cualquier otro momento, si Alexis se hubiera atrevido a hablarle así a Carolina, sus papás habrían salido a defenderla de inmediato. Pero justo hoy, Carolina misma los había dejado fuera de su vida.
A partir de ahora, para ellos, ella solo sería una desconocida más.
Carolina sintió una oleada de ironía interna, estaba por responder cuando, desde lejos, la voz ronca del abuelo tronó en el aire:
—¡Alexis, cállate de una buena vez, nieto desagradecido!
—¡Papá! —exclamó Petra, molesta.
—¡Abuelo! —protestó Alexis, igual de indignado.
—No me digan nada, no quiero escucharlos. En vez de culpar a los demás, ¿por qué no ven las tonterías que ustedes mismos han hecho?
Señaló la pantalla donde hacía un momento se había mostrado el video.
—Ya estuvo, tú y Marisol van a pedirle disculpas a Carito, y lo van a hacer ahora mismo.
Esta boda era el último encargo de su esposa antes de morir. Que todo terminara así no era lo que él hubiera querido.
—¡Abuelo! ¿Por qué tenemos que pedirle disculpas? —protestó Alexis, con el ceño bien fruncido.
Benjamín le lanzó una mirada tan intensa que cualquiera hubiera temblado.
Carolina dejó escapar una risita amarga.
—Quién sabe. Después de que Marisol fue a visitarla, le dio el derrame.
Apenas terminó de decirlo, todos los presentes cambiaron de expresión.
Los ojos de Benjamín centellearon con furia renovada.
Otra vez su nieta adoptiva...
—Hija, vete tranquila. Mañana paso a verla al hospital.
Luego señaló a su hijo menor.
—Mauro, acompaña a Carito. Llévala al hospital y después te regresas.
Mauro sonrió apenas, con una chispa divertida en la mirada.
—Por supuesto. Carito, vámonos.
En ese instante, el corazón de Carolina se detuvo un segundo.
—Vamos.
Mónica parpadeó y protestó:
—¿Y por qué no me dejas acompañarla a mí, abuelo?

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