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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 79

Carolina subió al carro de Mauro, un lujoso Maybach, y notó que hoy no los acompañaba el chofer.

Se sintió incómoda, sin saber si era por el escándalo que acababa de armar en la boda o por alguna otra razón que no podía identificar.

—Oye, Mauro, ¿hoy manejas tú?

—Sí —respondió él con voz grave y relajada al sentarse frente al volante—. El chofer pidió el día libre, parece que su esposa está a punto de dar a luz.

Carolina frunció el ceño con desconcierto.

Recordaba que el chofer de Mauro ya tenía como cuarenta o cincuenta años, ¿a poco todavía iban a tener otro hijo?

—Ah, ya veo —murmuró, con la mirada baja.

Esperó un rato, notando que Mauro no hacía ningún movimiento para arrancar el carro.

—¿No vas a arrancar?

De pronto, sintió los dedos de Mauro, frescos y apenas rozando su abdomen a través de la tela ligera de su vestido. Carolina contuvo la respiración, inmóvil, mientras el contacto la electrizaba.

—Arranco cuando te pongas el cinturón —dijo él, con un tono que no admitía discusión.

A Carolina la invadieron los nervios. Al intentar moverse para abrocharse el cinturón, sin querer jaló la herida.

—¿Te duele? —preguntó Mauro, con la mirada fija en el vendaje de Carolina.

Ella asintió apenas.

—Un poco.

El dolor físico no le importaba demasiado. Lo que de verdad la tenía inquieta era el estado de su abuelita; si algo malo le pasaba, no sabía cómo lo soportaría.

Mauro mantuvo el gesto serio.

—No deberías usar vestidos sin mangas, todavía estás enferma. Necesitas abrigarte.

Al terminar de hablar, notó que había sonado demasiado estricto, como papá regañón. Se detuvo, observando de reojo la reacción de Carolina.

—Cuando hay fracturas, también hay que mantenerse abrigada —añadió, intentando sonar menos mandón.

Carolina no entendía cómo se había enterado de su fractura, pero solo asintió, sin ánimos de preguntar nada más. En ese momento, lo único que deseaba era que su abuelita se recuperara pronto.

El camino al hospital transcurrió en silencio. Al llegar, Mauro la acompañó con la mirada mientras ella subía las escaleras, pero Carolina rechazó su compañía.

Mauro se quedó pensando, preguntándose si acaso ella estaba arrepentida de haber cancelado el compromiso.

...

Mientras tanto, el señor Sebastián, el chofer, volvió al hotel después de dar una vuelta y no vio el carro por ninguna parte.

Llamó nervioso al jefe.

—Señor Loza, alguien parece que se robó su carro.

—Puede que en la cara sonrían, pero quién sabe qué harán a escondidas —añadió con voz venenosa.

Pablo, furioso, pegó un puñetazo en el volante. El golpe resonó fuerte y asustó a Estela y a Zoe.

—¡Ya basta! ¡Dejen de hablar de eso! ¿O quieren que me dé un infarto del coraje?

Zoe, molesta porque la regañaron sin motivo, se cruzó de brazos.

—Papá, siempre defiendes a mi hermana. Ella fue la que metió la pata, ¿por qué solo nos regañas a nosotras? Deberías ir a reclamarle a ella.

¿Dónde estaba Carolina?

Recordó que ella le había dicho a Benjamín que iría al hospital. Pablo se puso serio.

—No quiero oír más. Todos al hospital. Su abuelita está enferma y ni siquiera la han ido a ver.

Zoe se limitó a encogerse de hombros con fastidio.

—Bueno, está bien.

Pensó que no tenía sentido ir a ver a una anciana. Solo le había dado un infarto, pero si se hubiera muerto, al menos tendrían algo emocionante de qué hablar.

...

Carolina fue directo a la habitación de su abuelita. Los monitores mostraban signos estables, pero el doctor le había dejado claro que no despertaría tan pronto.

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