Entrar Via

El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 85

Cuando Pablo llegó al hospital, Carolina ya no tenía lágrimas que derramar.

Se quedó sentada en la habitación, la mirada perdida, como si el mundo a su alrededor hubiera dejado de importar. Solo cuando Pablo entró, sus ojos se movieron un poco, pero su expresión seguía igual de vacía.

—Mamá, ¿por qué te fuiste así, tan de repente? —Pablo se arrodilló junto a la cama, con la voz quebrada por la desesperación.

Intentó llorar con todas sus fuerzas, pero lo único que consiguió fue un par de sollozos sin lágrimas. El dolor parecía más actuación que sentimiento genuino.

Carolina lo miró sin emoción, distante, como si estuviera viendo a un extraño interpretando un papel. Por dentro, sentía un vacío tan profundo que ni siquiera las lágrimas podían llenarlo.

—Carito, no te pongas tan mal, ¿sí? Tu abuelita ya está descansando en el cielo. Ahora ella va a cuidar de toda la familia desde allá arriba.

—Yo me encargo del resto, no te preocupes.

Pablo era el único hijo de la abuela, así que Carolina no pensó en rechazar su ayuda en ese momento. Era su responsabilidad, y le tocaba a él guardar luto por su madre.

...

La sala de velación estaba llena de gente, y Estela, la madrastra, por fin volvió a ver a su hijastra.

Solo había pasado un día, pero Carolina parecía transformada. Había algo diferente en su mirada: una mezcla de indiferencia y una frialdad punzante que la ponía nerviosa cada vez que se cruzaban los ojos.

Carolina no dijo mucho. Se limitó a entregar una vela a cada persona que venía a despedirse de la abuela, actuando con una docilidad inusual.

Estela se mantuvo atenta, aprovechando un momento después de atender a los visitantes para arrastrar a Pablo a un rincón apartado.

—¿Y qué vas a hacer con el 5% de las acciones de mamá? ¿De verdad piensas dárselas a esa muchacha? —preguntó en voz baja.

Pablo se quedó callado unos segundos.

—Eso lo vemos después. ¿Tú crees que ahora es momento para hablar con ella de eso? ¿No viste cómo te miraba? Hasta yo me asusté.

La familia Sanabria sabía perfectamente el peso que Lucía tenía en la vida de Carolina.

—Bueno, pero una vez que tu mamá esté enterrada, hay que resolverlo cuanto antes —soltó Estela, apretando los dientes.

Ninguno de los dos notó que, oculto en la penumbra, alguien los observaba. Una silueta delgada dejó escapar una risita irónica, apenas audible.

...

—Zoe, tu hermana sí que da miedo. ¿No que tu abuelita era la que más la consentía? ¿Por qué ni una lágrima le salió?

Zoe se limpió los ojos fingiendo tristeza.

—Vete tú a saber, tal vez mi hermana tiene el corazón de piedra. Yo sí no puedo compararme con ella, desde que supe lo de la abuelita, lloré tanto que ya ni puedo abrir bien los ojos.

—¿Tienes miedo? —susurró Carolina, con una mirada tan fría como el acero de la navaja—. Si no quieres problemas, mejor deja de meterte conmigo. No me hace gracia escucharte hablar así, y menos en el velorio de la abuela...

La hoja bajó hasta la garganta de Zoe y se detuvo ahí. Carolina soltó una risa seca.

—La próxima vez, no me voy a detener tan fácil.

Guardó la navaja y se fue sin mirar atrás, dejando a Zoe tirada en el suelo, con el alma hecha trizas.

Por primera vez, Zoe sintió que su hermana estaba de verdad fuera de sí. En los ojos de Carolina, vio una intención tan oscura que la hizo temblar hasta los huesos.

Zoe, llorando, buscó a su madre.

Entre sollozos, le contó todo a Estela, quien se quedó helada al escucharla.

—¿Me estás diciendo que tu hermana te amenazó con un cuchillo?

Zoe no podía dejar de llorar.

—Sí, mamá, yo ya no quiero estar aquí. Déjame irme a casa, por favor. Si le da otra crisis, de verdad me va a matar...

Estela nunca pensó que la muerte de la anciana fuera a desestabilizar tanto a su hijastra.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Tío que Robó Mi Corazón