El auto entró a Lomas del Valle y se detuvo frente a la mansión más grande y espectacular de todas.
La puerta principal se abrió automáticamente.
Luciano se bajó, se paró junto a la puerta del vehículo y miró a Valeria.
—Bájate.
Valeria salió apoyándose en la puerta del coche; sus piernas todavía se sentían débiles.
Observó la casa frente a ella; su nivel de lujo superaba todo lo que había imaginado. ¡Con razón era la casa del hombre más rico de la ciudad!
De la mansión salió una señora de mediana edad, vestida con elegancia y de aspecto amable.
—Señor.
—Mjm. —Luciano asintió en dirección a Valeria—. Ella es la señorita Soler, se quedará aquí por un tiempo. Acomódala.
La mujer se sorprendió un poco, pero recuperó su compostura de inmediato: —Enseguida, señor.
Valeria le dedicó un saludo cortés con la cabeza: —Disculpe las molestias.
—No es ninguna molestia, señorita Soler, puede decirme Doña Rosa —dijo ella con una sonrisa cálida—. Por favor, acompáñeme.
Valeria siguió a Doña Rosa hacia el interior, pero tras dar un par de pasos, se detuvo.
Se dio la vuelta.
—Señor Domínguez... gracias por lo de hoy.
Luciano no dijo nada, simplemente asintió levemente.
Valeria dio media vuelta y subió las escaleras.
La vocecita del Bebé se hizo escuchar nuevamente, pero esta vez sonaba adormilada:
—Mami, estoy muy cansadito... hablé muchísimo hoy...
—Buenas noches, mami. Buenas noches, papá.
—Hasta mañana.
Valeria detuvo el paso por un segundo.
Llevó su mano al vientre y susurró en su mente: Buenas noches, Bebé.
Atrás de ella, Luciano seguía allí de pie, mirando cómo la puerta se cerraba.
De repente, las imágenes de aquella noche de hace tres meses inundaron su cabeza...
En la oscuridad, esa mujer era suave como el agua, sus brazos rodeaban su cuello, y sus labios rozaban su piel.
Lloraba, su voz era dulce y ronca, diciendo que le dolía.
Él se detuvo.
A la mañana siguiente, Valeria se despertó con los rayos del sol.
Abrió los ojos y, al ver la habitación desconocida, se sintió desorientada por un instante.
Los recuerdos de la noche anterior la golpearon como una ola.
La boda, la cancelación, Luciano Domínguez.
Y también... el bebé en su vientre.
La mano de Valeria buscó su vientre por instinto; seguía completamente plano, no se sentía absolutamente nada.
Pero ella sabía que allí dentro había una pequeña vida que crecía en secreto.
Y que además, no cerraba la boca.
Al pensar en eso, no pudo evitar sonreír un poco.
—¡Mami, ya despertaste!
La voz del Bebé resonó tan puntual como siempre, con la energía de quien durmió estupendamente: —¡Buenos días, buenos días! ¡Hoy amaneciste de muy buen humor, mami!
Valeria le respondió en su mente: Mjm, buenos días.
—¡Mami, te tengo un chisme! ¡Anoche espié un ratito a mi papá! —El tono del Bebé era muy misterioso—. Estuvo un buen rato hablando por teléfono en su estudio, como si estuviera investigando algo.

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