Entrar Via

Embarazada por la venganza. romance Capítulo 1

Jamás imaginé que el hombre al que amé con cada rincón de mi alma sería el mismo que me destruiría frente a todos. Pero allí estaba, en medio del salón más lujoso de la ciudad, besando a otra… como si yo nunca hubiera existido.

Apreté los puños. El vestido que tanto me había costado comprar, ese que me hacía sentir por fin como una mujer deseada, ahora me pesaba como una armadura rota.

—Felicitaciones por tu compromiso, jefe —dijo ella en voz alta, clara, sin titubear—. Me pregunto si tu prometida sabe que me besaste ayer… exactamente como ahora la besas a ella.

El silencio fue inmediato. Un silencio violento. Sentí cómo todas las miradas se clavaban en mí como agujas. Algunos dejaron de masticar. Otros bajaron las copas con torpeza. Y él… él simplemente me miró.

Nicolás.

Mi Nicolás.

O lo que quedaba de él.

No dijo nada. Ni una palabra. Sólo apretó la cintura de ella —la hija del ministro, la intocable Alexandra— y dio un paso atrás, Como si yo fuera una enfermedad, como si nunca me hubiera susurrado "te necesito" en la oscuridad de su despacho. Abrí la boca para decir algo, pero Alexandra no lo permitió.

—¡Cállate, maldita! —gritó Alexandra, con voz de serpiente herida.

Vi la copa volar hacia mí un segundo antes de que el vino me cubriera el rostro. Sentí el líquido arder en mi piel. No por la temperatura, sino por la humillación. Corría por mi mejilla como si intentara borrar mi existencia y manchó mi vestido de vino tinto amargo, como sangre. Mi madre, al otro lado del comedor, presenciaba mi humillación.

Pero no me moví. No lloré. No grité. Solo lo miré.

Quería que me mirara también. Que al menos parpadeara. No lo hizo.

Los tacones de Alexandra se acercaron, y entonces, la bofetada.

Me giró la cara con violencia. Sabía que me había cortado el labio porque sentí el sabor a hierro de mi sangre, y sin embargo, lo único que pude hacer fue reír.

Sí. Reí.

Una risa rota. Hueca.

¿Era eso lo que querían? ¿Una loca arruinada? Pues bien, aquí la tenían.

—Cinco años, Nicolás —dije, sin dejar de mirarlo—. ¿Hubo aunque sea un segundo… uno solo… que fuera real?

Me sostuvo la mirada. Era como si mi dolor no le afectara en absoluto. Y entonces, alzó su copa. Bebió, y respondió:

—Nunca.

Mi mundo se quebró con esa palabra, y con ella, todo lo demás: Mi dignidad.Mi historia. Mi hijo…

Porque sí… llevaba vida dentro de mí, y nadie lo sabía.

Las voces alrededor se multiplicaron como cuchillos:

—Dicen que fue su amante.

—¡La secretaria!

—Pobre ilusa.

1° 1

1° 2

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Embarazada por la venganza.