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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 184

—No, pero yo…

A Jaime le quedó un sabor amargo.

—¿Cómo que se enojó? Yo no lo dije con mala intención… además sí le estoy ayudando.

Se quedó dándole vueltas, pensando en buscarla para verla en persona y hablar bien del tema.

***

En casa de los Orozco, el expediente médico de Gloria estaba sobre la mesa de centro.

—¿Segura que no escuchaste mal? —le preguntó Helena a Irene—. Sí se ve como si estuviera embarazada, pero todavía no se le nota la panza. No podemos estar cien por ciento seguras.

Que una viera mal y la otra escuchara mal no era imposible.

Además, en el expediente no decía nada de embarazo.

Irene insistió, tajante:

—Está embarazada, eso es seguro. Y este expediente… está raro.

—Es más probable que el expediente esté mal a que tú hayas escuchado mal —dijo Helena, pensativa.

Irene llevaba días sin dormir bien, consumiéndose por eso. Helena la miró con preocupación.

—Irene, ¿por qué estás tan ansiosa? ¿Me estás ocultando algo?

—Yo… —Irene se atoró, desesperada.

Después de un rato, soltó:

—Mamá, Gloria sí está embarazada. Voy a mandar a alguien a seguirla. No creo que no salga alguna prueba.

Sacó el celular e hizo una llamada.

—A partir de hoy la sigues diario. Cualquier cosa que haga, me avisas en el momento.

—Sí, señorita Orozco —respondieron del otro lado, sin dudar.

—Ya, ya. Si ya lo arreglaste, deja de mortificarte —Helena le acercó una charola con fruta—. Hazle caso a tu mamá, come tantito…

Picó un pedazo de manzana y se lo llevó a la boca.

Pero Irene no estaba ahí. Su cabeza seguía clavada en el embarazo de Gloria.

***

Volteó a ver la etiqueta. Antes de que alcanzara a leer el precio, Paulina le tapó la mano.

—Mi abuela dijo que como ese día ayudaste a recibir a los invitados importantes, cuenta como trabajo. Y el vestido lo paga mi hermano.

Gloria alcanzó a ver el número: siete cifras.

Ni con ahorros, eso era impensable.

—Mi hermano tiene lana. Tú gasta y ya. No le pienses.

Paulina lo dijo en voz baja y luego se volteó para pedirle a la empleada que le trajera el suyo.

—Ahora me toca a mí. Espérame aquí.

Gloria asintió. En el espejo vio a Paulina entrar al probador y luego apartó la mirada.

Y entonces, sin esperarlo, su vista chocó con Irene y Helena, que acababan de entrar a la tienda.

Las dos la miraron fijo y caminaron directo hacia ella. Era evidente que venían por ella.

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