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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 373

—Prepárense para la junta.

Federico Córdoba estaba mucho más tranquilo que ella.

Como si el choque de anoche nunca hubiera pasado.

Y mientras más indiferente se mostraba, más inquieta se ponía Gloria Loyola.

Gloria salió del elevador, regresó a su oficina por unos documentos y se fue directo a la sala de juntas, sin perder tiempo.

Era el primer proyecto desde que se instaló la sucursal de Holding Rivadeneira, y era crucial.

Si Federico había venido, era precisamente para esto: convocar una reunión y trazar un plan inicial para el futuro.

—Señor Córdoba, a finales de año Consorcio Río Claro trae un proyecto. Creo que podríamos entrarle; nos ayudaría a posicionar a Holding Rivadeneira en Río Alicante y a ganar credibilidad.

Santiago Muñoz fue el primero en hablar.

Ese proyecto era justo el que Lucas Mendizábal había mencionado.

Federico le pasó la pelota a Gloria de inmediato.

—¿Tú qué opinas, Gloria?

Ya estaba acostumbrado a llamarla “Gloria”, y no se había corregido.

—No me parece buena idea. En Río Alicante, los proyectos de Consorcio Río Claro ya tienen socios fijos. Sí, podríamos quitárselos… pero inevitablemente te echas gente encima. Holding Rivadeneira apenas está tomando fuerza aquí; no conviene hacer tanto ruido.

La agarraron en curva, pero Gloria reaccionó rápido y dijo lo primero que le parecía más evidente.

Y su postura era exactamente lo contrario a la de Santiago.

A Santiago se le notó el disgusto, pero no insistió.

En su cabeza, Federico estaba de lado de Gloria; seguro iba a aceptar su propuesta sin pensarlo.

Pero entonces…

—¿Y desde cuándo Holding Rivadeneira le tiene miedo a algo?

Federico habló con calma y luego cambió el tono.

—El gerente Muñoz tiene visión a largo plazo y se mueve rápido. El proyecto de Consorcio Río Claro queda en tus manos.

La sala de juntas se quedó en silencio.

El mismo hombre que el otro día había salido a respaldar a Gloria —y que, si ella se molestaba, era capaz de correr a miles de empleados sin pestañear— acababa de dejarla mal parada en público.

Ese “halago” a Santiago, en el fondo, era una bofetada para Gloria: la estaba tachando de temerosa, de pensar solo en lo inmediato.

Gloria bajó un poco la mirada. ¿Cómo no iba a saber que Federico era rencoroso?

—¿No llevas años con el señor Córdoba? Te trajo porque te tenía en alta… ¿y sales con esto? Qué poca cosa.

Santiago abrió las manos, disfrutándolo.

Los demás directivos también se levantaron; de vez en cuando soltaba alguno una risa burlona.

—¡Gerente Muñoz, felicidades! Si te sale bien este proyecto, el ascenso ya lo tienes en la bolsa.

—Con la capacidad del gerente Muñoz, seguro lo saca adelante y hace que Holding Rivadeneira suba otro nivel.

—Puros lambiscones.

La voz de Paulina Córdoba no fue ni fuerte ni baja: lo suficiente para que todos la escucharan.

En un instante, la sala quedó muerta.

Santiago volteó con la cara oscura.

Paulina venía detrás del grupo. Los de adelante se detuvieron y, al voltear a verla, le taparon el paso.

A ella le valió; el desprecio se le notaba.

—¿Qué tanto ven? Si alguien se echa un discurso, ustedes ahí van a aplaudir como focas. Bien buenos para quedar bien… pero al área de relaciones públicas no le cae ni un peso. Y cuando se arma el desastre, ahí sí nos toca arreglarlo. De verdad, qué poca vergüenza.

***

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