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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 430

Al ver que Gloria se estaba animando, la vendedora le advirtió:

—Hace rato la vieron otras dos personas y dijeron que tal vez regresaban.

—Entonces me la llevo —dijo Gloria, abriendo su bolsa para sacar el celular y pagar.

En eso, una mano con una tarjeta negra se atravesó y se la entregó a la vendedora, delante de Gloria.

—Esa cuna me la llevo yo.

Gloria alzó la vista y reconoció de inmediato la mano de Martina Arrieta, con uñas pintadas color vino.

La vendedora se quedó a medias.

—Eh… es que esta señorita ya la iba a comprar.

—“Iba” no es “ya la compró” —dijo Martina—. Ni ha pagado.

—Esto… —La vendedora se veía incómoda.

—Mira, Martina —dijo Gloria—, para ti esta cuna tan barata ni te debería interesar. No hace falta que tires el dinero solo por llevarme la contra.

La cuna costaba ocho mil pesos. A Gloria sí le dolía un poco pagarlos.

Pero para los Mendizábal, una de ochenta mil ni era tema.

Martina lo hacía solo para molestarla.

—¿Cómo crees? —Martina le metió la tarjeta a la mano a la vendedora y le sonrió a Gloria—. Es para ti. Te la voy a regalar.

Gloria se quedó helada.

—Vaya a pagar y que la manden a casa de la señorita Loyola.

Martina miró de reojo a la vendedora.

La vendedora reaccionó y se fue a caja con la tarjeta.

—No hace falta —dijo Gloria, intentando detenerla, pero Martina la frenó.

Ella quería ver a Gloria tragándose el coraje y aceptando la cuna a fuerzas.

Pero Gloria la recibió como si fuera lo más natural del mundo, como si se la debieran, y eso le dio más coraje a Martina.

—Gloria, la neta qué lástima me da tu hijo. Ni una buena cuna le puedes comprar. ¿No te remuerde la conciencia? Tú, que creciste en un orfanato, ¿cómo te atreves? ¿Cómo te crees con derecho a ser mamá soltera? ¿No tuviste suficiente con pasarla mal de chica, que ahora quieres que tu hijo lo viva también?

La mano de Gloria se detuvo. Le entregó la hoja con la dirección a la vendedora y miró a Martina.

—Más que lo material, lo que importa es la calidad como persona. Y, la verdad, me preocupan más tus dos hijos: ojalá no crezcan como tú, con esa mala leche.

—Tú… —Martina la señaló—. ¿Tú, una muerta de hambre, te atreves a menospreciarme a mí y a mis hijos? Yo…

Antes de que terminara, una figura alta apareció detrás de Gloria.

El hombre traía las manos en los bolsillos y miró a Martina.

—Con razón eres la señora Mendizábal: qué bocota. Pero la gente que es mía no es ninguna muerta de hambre.

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