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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 487

—Dáselo a Virginia.

Federico habló con un tono raro, medio burlón, y seguía aferrado a la idea de que ese bebé era de Jaime.

Gloria no entendía qué estaba pasando.

Federico jaló una silla y se sentó a su lado.

—Cuando te pasó esto, ¿por qué no pensaste en buscarlo a él primero?

¿Porque sentías que Jaime no era de fiar?

Y si era así… ¿por qué insistir en tener a este bebé?

A este bebé… el de Jaime.

Federico se quedó viendo al recién nacido en la cuna: un chamaco arrugadito, rojito, con cara de viejito. La neta, estaba feito.

No se parecía nada a Jaime.

Qué bueno que no… si se pareciera, estaría peor.

—Yo…

Gloria frunció el ceño. Su carita pálida se veía tensa, como si le costara decirlo. Era evidente que no quería entrar en detalles con él.

Federico apartó la mirada. La voz le salió apagada, con un cansancio frío.

—Virginia no te puede ayudar en esto. Gloria, si confías en mí, hazme caso.

Gloria se cuidaba de él… pero sí le creía.

Guardó silencio unos segundos y asintió apenas.

—Confío en ti, pero quiero avisarle a Virgi que estoy bien.

Federico sacó el celular y se lo pasó.

—Tu celular lo tiene Raúl.

Gloria se sabía de memoria el número de Virginia y le marcó directo.

Sonó varias veces antes de que contestaran.

—¿Bueno? —La voz de Virginia sonó dudosa.

—Virgi, soy yo.

Apenas Gloria terminó de decirlo, Virginia explotó.

—¿Dónde estás? ¿Qué pasó? ¿Federico te tiene encerrada? ¿Qué quiere? ¡Ahorita mismo marco a la policía, yo…!

Virginia ya se estaba armando toda una película en la cabeza.

Hasta pensó en hacer un live mientras llamaba a la policía, para armar un escándalo.

Por muy intocable que fuera la familia Córdoba, no podían desaparecer a una persona así nomás.

Gloria la interrumpió:

Gloria dudó varias veces, pero al final no preguntó qué había pasado en realidad.

Al fin y al cabo… no era asunto suyo.

***

Diez horas antes. Belgrano Norte, cuatro de la mañana.

Faltaban tres horas para la boda.

A esa hora, Federico ya debería haber llegado a la casa para cambiarse y salir por la novia.

Pero no apareció. No contestaba llamadas ni respondía mensajes.

—¡A ver qué fregados está haciendo!

Alicia fue personalmente a buscarlo.

La casa donde Federico vivía solo estaba completamente iluminada. Alicia estacionó frente a la entrada y caminó directo hacia la puerta.

La puerta estaba entornada. Empujó y entró, y su voz retumbó por toda la casa.

—¡Federico! ¡La boda ya va a empezar! ¿Qué traes en la cabeza? ¿Vas a dejar que todo mundo se burle de Irene?

La planta baja estaba vacía.

Subió al segundo piso y siguió:

—Yo vi crecer a Irene. Sí, tiene sus detalles, pero es buena muchacha. No te pases. ¿Y yo qué le voy a decir a Helena?

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