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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 488

La puerta del estudio estaba abierta, pero el cuarto estaba vacío.

En esa casa encendida, solo se oían los pasos de Alicia y sus gritos.

Hizo pregunta tras pregunta, pero nadie le contestó; reclamó una y otra vez y nadie le dio explicaciones.

Hasta que, al cabo de un rato, Alicia cayó en cuenta: Federico no estaba.

Sacó el celular y le marcó a Pablo.

—Pablo, ¿dónde está Federico?

—Señora Vallejo, a esta hora el señor Córdoba ya debe ir rumbo al avión —contestó Pablo.

Alicia miró la hora: cinco de la mañana. Se le subió más el coraje.

—¿A dónde se va?

—A Río Alicante. Hubo una emergencia.

—¡Qué estupidez! —Alicia sintió que se le nublaba la vista—. ¡No hay emergencia más importante que la boda! ¡Detengan el vuelo, no va a ir!

Pablo se quedó callado.

No solo era que no pudiera… era que ni de chiste se iba a atrever.

A Alicia le zumbaba la cabeza. Se sentó en la orilla de la cama, apoyándose en el cabecero, y entonces vio un papel sobre el mueble: un reporte médico.

Todo el coraje y las ganas de mentar madres se le atoraron en la garganta.

Se le cortó la respiración. Tomó el papel y lo revisó dos, tres veces. Se le abrieron los ojos.

—Señora Vallejo, disculpe, yo…

Pablo no alcanzó a terminar. Alicia colgó.

Leyó el reporte de arriba abajo, palabra por palabra.

Su expresión se fue endureciendo.

La casa, en silencio, se llenó de una presión sofocante.

—Claro. Fede y yo crecimos juntos. Nos queremos. Él quiere casarse conmigo. Y usted también nos apoya, ¿no?

Desde que Irene nació, Alicia había querido que fuera su nuera. Esa idea la traía clavada, y fue ella quien la impulsó desde el principio, incluso influyendo en los Orozco.

—Señora, ¿qué está pasando? —insistió Irene, ansiosa—. ¿Por qué me pregunta eso? ¿Fede se quiere echar para atrás? Usted tiene que ayudarme…

—No te preocupes. Hoy vas a tener una respuesta que te deje satisfecha.

Alicia la cortó y colgó.

Regresó con los Córdoba, fingiendo que no pasaba nada, y los llevó al hotel.

Por su arreglo, se saltaron el “ir por la novia”: las dos familias se vieron directamente en el salón del banquete.

El carro de la boda llevó a Irene al hotel. Lo normal era que Federico saliera a recibirla y ayudarla a bajar.

Pero Federico no aparecía, y el ambiente se puso incómodo.

Alicia hizo que Irene bajara sola. Helena armó un escándalo: le molestó que Federico no diera la cara y se le notó el enojo frente a todos.

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