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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 497

Una caricia suave y tibia se le pegó a la mejilla a Raúl Esquivel.

Como si le hubiera quemado la piel, el calor le subió de la mejilla hasta las orejas.

Con sus ojos negros, Raúl miró los de Virginia Reinoso, tan claros y definidos.

—De verdad —dijo, tragando saliva antes de soltar esas palabras.

Virginia se puso eufórica. En cuanto lo soltó, dio una vuelta de pura emoción.

—¡Sí! ¡Por fin aguanté! ¡Mañana ya voy a poder ver a Gloria Loyola!

Se dejó caer en el sillón y se puso a calcular qué tantas probabilidades tenía de “rescatar” a Gloria al día siguiente.

Después de darle mil vueltas, llegó a una conclusión: cero.

En la primera visita, lo mejor era ver cómo estaban las cosas y escuchar primero.

Seguro iba a tener que verla una segunda vez.

—Doctor Esquivel, todavía no te recuperas bien. Mañana, después de ver a Gloria, me voy a la casa a ver a mi hija y luego regreso a cuidarte un par de días, ¿va?

Raúl le leyó la intención de inmediato.

—Qué considerada, señorita Reinoso. De veras, gracias.

Virginia hizo un gesto con la mano.

—Ay, por favor. Somos amigos, ¿qué tanto? Ya quedó, ¿eh?

Esa noche, Virginia estuvo tan emocionada que no pudo dormir.

A la mañana siguiente, a las ocho en punto, Gloria acababa de darle de comer al bebé. Lo tenía en brazos, dormidísimo, cuando empujaron la puerta del cuarto.

Raúl abrió. Se hizo a un lado y, por encima de su hombro, se asomó la cabeza de Virginia.

En cuanto vio a Gloria, empujó a Raúl y entró casi corriendo.

—¿Estás bien? ¡Ya me tenías muerta de preocupación! ¡No pensé que Federico Córdoba, ese desgraciado, te tuviera escondida aquí, enfrente de mí!

Virginia sabía que la operación de Gloria había sido en ese hospital.

Creía que ya la habían dado de alta y que Federico se la había llevado a su casa para que se recuperara.

Estos días había intentado sacarle información a Raúl como fuera… y no le sacó nada.

Bajó la vista al bultito en brazos de Gloria y frunció el ceño, con evidente desagrado.

—Acabas de parir, no puedes estar cargándolo. Dámelo.

Aventó la bolsa al sillón, se limpió las manos en la ropa y tomó al bebé con cuidado.

Capítulo 497 1

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