—¿Qué? —Virginia chilló—. ¿El origen de Gloria? ¿Ya encontraste a sus papás?
Jaime negó con la cabeza.
—No tanto. Pero sí vi que cuando la directora del orfanato fue a Belgrano Norte en aquel entonces, se llevó con ella a una niña… y por lo que investigué, esa niña era Gloria.
Virginia se volteó a ver a Gloria.
—¡Pero Lucía dijo que te encontró en un cerro, arriba de una capilla, en Belgrano Norte!
Gloria apretó la canastilla del bebé hasta que se le pusieron blancos los nudillos y se le marcaron las venas.
Respiró hondo y sostuvo la mirada de Virginia.
—Ahorita… eso ya no es lo importante para mí.
—¡Claro que es importante! —Jaime la miró por el retrovisor—. Lucía es de Río Alicante. Eso significa que tú muy probablemente también.
Virginia se giró hacia Jaime.
—¿Puedes seguir investigando?
Su entusiasmo hacía que el silencio de Gloria se notara todavía más.
Jaime preguntó, medio incómodo:
—Gloria… ¿sí quieres que le sigamos?
—¡Sí! —se metió Virginia—. Ya con eso decides si los reconoces o no. A lo mejor llevan años buscándote.
El ceño de Gloria no se le quitaba.
—¿Y si… no es como lo estamos imaginando?
—Pues entonces como si no existieran —dijo Virginia—. No los reconoces y ya. Prepárate para lo peor: que te abandonaron, que no te quisieron. Tú nunca los buscaste por miedo a eso, ¿no? Pues lo peor ya es eso, y ni modo: vuelves a tu vida de ahorita y listo. Pero… ¿y si sí te buscaron? Veintitantos años sin saber de ti… llorando diario…
Antes, Gloria no era mamá. No entendía lo que era perder a un hijo.
Ahora tenía a Eduardo.
Y con solo pensar que, si de verdad ella fue una niña perdida, sus papás debieron estar desesperados…
Algo dentro de ella empezó a ceder.
—Yo sigo investigando —dijo Jaime—, pero hay un camino más fácil: preguntarle directo a la directora del orfanato.
Federico conocía a su madre.
Pablo soltó un:
—Eh…
Por dentro, se estaba quejando de su mala suerte.
Por eso no había vuelto: para evitar a Alicia.
Antes, Alicia sospechó que el bebé de Gloria era de Federico y le ordenó investigar.
Como la boda con Irene ya estaba encima, Alicia no lo presionó.
Pero ahora lo estaba cazando a llamadas: quería resultados, y rápido.
Si la familia Córdoba se iba a volver un caos o no, quién sabe. Pero si él confirmaba algo, al que se le iba a venir el mundo encima era a Gloria.
—Ya pasó un mes. La señora volvió a socializar… y, pues, no se ve nada raro.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA