—¡Ni creas! —Virginia se encendió, con el pecho subiendo y bajando—. ¿Me estás llevando la contraria a propósito?
—Yo no dije eso ni estoy haciendo eso. Eres tú la que anda buscando pleito.
Jaime se plantó junto a Gloria y, de pronto, le tocó el hombro y le habló bajito:
—Pero lo que dije hace rato… lo decía en serio.
¿De qué hablaba? Había dicho mil cosas.
Antes de que Gloria lo procesara, Virginia agarró una muñeca de peluche y se la aventó a Jaime.
—Para que no andes de encajoso…
Jaime salió corriendo por la casa, esquivando.
Gloria se metió entre los dos.
—Ya, ya. Ahorita van a espantar a los niños.
Eduardo estaba dormido, pero el otro niño estaba en el tapete, con la cabecita levantada viéndolos; del susto se le frunció la boquita, a punto de llorar.
Virginia volteó y por fin se dio cuenta de que lo había asustado.
—No me importa, Gloria.
Se agachó, cargó al niño y regresó con Gloria.
—Tú y yo vamos a ser las mejores siempre. Y nuestros hijos también van a crecer juntos y se van a querer muchísimo, pase lo que pase.
—Lo van a ser —respondió Gloria sin pensar.
Pero Virginia se molestó.
—¿“Lo van a ser”? No, tú di “claro”. Crecimos juntas; los niños se van a llevar por menos de un año. Pase lo que pase, sea quien sea, nadie va a meterse en lo nuestro.
Gloria creyó que Virginia lo decía por coraje con Jaime.
Respondió por compromiso… y Virginia se lo tomó muy en serio.
—Claro. Pase lo que pase, siempre vamos a ser las mejores amigas. Y ellos van a crecer juntos y se van a volver inseparables.
Virginia asintió con fuerza. Se sostuvieron la mirada unos segundos y el ambiente se puso raro.
—Mi niño, tú eres el mayor. De grande vas a cuidar mucho a Lalo, ¿sí? Pase lo que pase, acuérdate: él siempre va a ser alguien muy importante para ti, y tu madrina siempre va a ser tu madrina.
—Está chiquito, ni entiende. Y tú que te ves bien alivianada, traes la cabeza bien ocupada —Jaime cruzó la pierna, queriendo bajar la tensión—. Ahorita te pasaste. Gloria sí lo notó.
—No se va a dar cuenta. —Virginia volteó a verlo—. Ahorita Gloria está completamente enfocada en el bebé. Si no, con todo lo que Federico la cuidó ese mes, ya habría notado algo.
—¿Entonces tú crees que Gloria todavía siente algo por Federico?
Virginia alzó una ceja.
—Si no fuera tan intensa para querer, no se habría divorciado de él.
—¿Di… divorciado? —Jaime se enderezó en seco; se le borró la sonrisa.
—Perdón, se me fue. Se me olvidó que tú no sabías que Gloria y Federico estuvieron casados… dos años.
Virginia no mostró ni tantita pena. Se quedó viendo a Jaime.
—Ahora que ya lo sabes, ¿todavía te quieres casar con Gloria?
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