—Busca un momento adecuado. No hagas ruido.
Federico se contuvo, bajándole a la rabia.
—Y si vuelve a pasar que haces las cosas así de mal… te regresas a Belgrano Norte.
A Pablo le corría el sudor.
—Sí, señor Córdoba.
—Lárgate.
Federico lo dijo con frialdad y volvió a concentrarse en el trabajo.
Pablo salió y la oficina quedó en silencio.
Federico miraba los documentos, pero pasó un buen rato sin moverlos… ni siquiera parpadeaba.
Al rato, le sonó el celular. Era Raúl.
—Mañana van a reponer la celebración del primer mes del bebé de Gloria. Cuando vayas, pasas por mí.
Federico entrecerró los ojos.
—¿Celebración del primer mes?
Raúl dudó.
—¿A poco no te invitó?
Decir “celebración” sonaba hasta exagerado; Virginia había dicho claramente que solo iban a invitar a unos cuantos amigos a comer.
Raúl, por reflejo, asumió que Federico estaba dentro de esos “unos cuantos”.
Al fin y al cabo, según Virginia, Federico había cuidado a Gloria un mes… y a Eduardo también.
—Ejem… —Raúl carraspeó y quiso componerla—. Bueno, eres el ex, así que sí estaría raro que fueras a la reunión del hijo de tu exesposa. Pero si quieres llevarle un regalo al niño y presentarte como su antiguo jefe… quién sabe.
No tenía sentido.
Ni el jefe actual tiene por qué aparecerse sin invitación a la celebración del hijo de una empleada… menos así.
—¿Dónde vive? —La voz de Federico traía fastidio.
—Ahorita te mando la dirección al celular —Raúl hizo una pausa—. ¿Sí vas a…?
Ni alcanzó a terminar: Federico colgó.
—¡Y cuando crezca, se case y tenga hijos, yo le cuido a los niños!
Virginia no se quería quedar atrás.
Jaime remató:
—¡Y su boda y todo lo que cueste, yo lo pago!
Los dos ya estaban a nada de discutir.
Gloria los cortó a tiempo.
—Oigan… ustedes son sus padrinos. ¿Y yo qué, entonces?
—¿Y a ti qué? ¡Nosotros queremos hacerlo! —Virginia resopló—. Además, yo no me voy a casar nunca. Tú y yo vamos a seguir siendo las mejores amigas, nadie va a cambiar eso. Pero con ciertos hombres… quién sabe. Si él se casa, a ver si su esposa le permite seguir tratándote igual.
Jaime golpeó la mesa.
—¿Pues qué? ¿Yo tampoco me caso y ya? Y si me caso… me caso con Gloria. Y lo primero que hago ya de “oficial” es quitarte el puesto de madrina.
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