—Aún no cruzas la puerta de nuestra casa y ¿ya estás reclamando si preferíamos tener un varón? —Lucas frunció el ceño con evidente desaprobación—. Seré sincero contigo: yo sí quería un niño a toda costa, pero tu madre no pensaba igual. Para protegerte, no se atrevió a hacer público su embarazo; su intención era tenerte a escondidas para mantenerte a salvo. Pero al final se descubrió todo y hubo un problema. A mí me dio vergüenza, no quise hacer un escándalo y por eso jamás hicimos público el embarazo.
»Por no haberlo anunciado, la búsqueda se volvió muchísimo más complicada para tu madre; de lo contrario, te habríamos encontrado hace años. Sé que esto no fue justo para ti, pero tu actitud le está destrozando el corazón. ¿De verdad quieres que pase el resto de su vida ahogada en la culpa y el sufrimiento?
Apenas Lucas terminó de hablar, la señora Mendizábal se echó a llorar sin poder contenerse.
Vista desde fuera, la negativa de Gloria podía parecer cruel e incluso ingrata.
A fin de cuentas, volver con la familia Mendizábal y convertirse en heredera le daría una posición mucho más privilegiada y una vida mucho mejor que la que tenía ahora.
Pero a nadie le importaba si ella quería ser reconocida; lo único que importaba era que los Mendizábal querían reconocerla y que su madre biológica no podía vivir sin ella.
—La verdad, lo que me preocupa es dejarlos en vergüenza si vuelvo con ustedes —cambió de estrategia Gloria—. Tuve un hijo fuera del matrimonio. El padre es... un desconocido.
Al escuchar eso, el llanto de la mujer se detuvo en seco.
—¿Un desconocido?
—Eso no es problema —Lucas hizo un ademán con la mano restándole importancia—. En Río Alicante, nadie se atreve a hablar mal de los Mendizábal. Pero pensando en tu futuro, y considerando que tarde o temprano tendrás que casarte, tenemos un plan, si estás dispuesta a escucharlo.
Gloria apretó la mandíbula. Bajó la mirada al suelo y mantuvo una expresión completamente impasible.
—¿Qué plan?
Lucas bajó el tono de voz.
—La esposa de tu primo Tomás tuvo un hijo el mismo día que tú. Se lo entregaremos a Tomás para que lo críe como suyo; seguirá siendo parte de la familia y, en el futuro, podrá convertirse en heredero de los Mendizábal. Mientras tanto, tú conservarás tu lugar como heredera, te buscaremos un hombre de buena familia para que te cases y tengas tus propios hijos, y nos aseguraremos de que jamás vuelvas a pasar carencias en esta vida.
—Qué maravilla —dijo Gloria con una sonrisa cargada de sarcasmo.
Decían estar desesperados por recuperar a su supuesta hija, pero ni siquiera le preguntaron cómo había sobrevivido todos esos años, cómo había terminado embarazada de “un desconocido” o si alguien se había aprovechado de ella.
Después de escuchar toda esa plática, Gloria ya había descifrado sus verdaderas intenciones.
—¿O sea que nos hiciste perder todo este tiempo para burlarte de nosotros? —Lucas se puso de pie de un salto—. ¿O es que tienes otra intención? ¿Qué quieres? ¿Dinero? ¿Un carro, una casa?
La señora Mendizábal también se levantó, asintiendo apresuradamente.
—Pídelo. Tu padre y yo haremos todo lo posible por dártelo.
Gloria caminó hacia la entrada y abrió la puerta.
—No quiero nada de ustedes.
Afuera, el pasillo exclusivo del piso estaba lleno de guardaespaldas de traje.

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