Su mano se tensó sobre el picaporte. Dio dos pasos hacia atrás, bloqueando sutilmente el acceso a la habitación del bebé.
—Me doy cuenta de que pasaste tanto tiempo con Federico que ya te crees intocable.
Lucas salió de la sala y se plantó frente a ella.
—Pero ahora te pasaste al Grupo Larrinaga... y la verdad sea dicha, ni en capacidad ni en influencia Jaime le llega a los talones a Federico. Elegiste el bando equivocado, dejaste en ridículo a Federico y te echaste de enemigo a Holding Rivadeneira. Tarde o temprano, el Grupo Larrinaga te va a dar una patada para intentar arreglar las cosas con la familia Córdoba, y cuando eso pase, ¿quién te va a defender? ¡Te van a destruir en cuanto decidan vengarse de ti!
Hablando estrictamente de negocios, su análisis no tenía fallas.
—¡Ay, no! —La señora Mendizábal puso cara de pánico—. ¡Eso sí que no! ¡Tienes que venir a casa conmigo! ¡No dejaré que te hagan daño, así me cueste enfrentarme a la familia Córdoba!
Dicho eso, dio un paso al frente y agarró a Gloria del brazo.
—Vámonos, mamá te llevará a casa.
Antes de que Gloria pudiera reaccionar, Lucas la tomó del otro brazo y les ordenó a sus hombres:
—¡Vayan a empacarle sus cosas!
Los guardaespaldas entraron de golpe. El recibidor se volvió un caos de empujones mientras arrastraban a Gloria hacia el pasillo.
Desde el interior del departamento, se escucharon los gritos de la mayordoma.
—¡¿Qué hacen?! ¡A plena luz del día! ¿Se quieren robar al niño?
Lalo rompió a llorar a gritos, y el eco de su llanto resonó por todo el piso.
—¡Cuidado, por favor! ¡Apenas tiene un mes de nacido, lo van a lastimar! ¡Dénmelo a mí! —gritó la empleada en medio del forcejeo.
A Gloria se le apretó el pecho. De un empujón, se zafó de la señora Mendizábal y corrió de regreso hacia adentro.
La mujer, tomada por sorpresa, se tambaleó y chocó contra la pared. Por pura inercia, su cuerpo tropezó con Lucas, bloqueándole el paso por un segundo.
No habían usado mucha fuerza para sujetar a Gloria, lo que le permitió soltarse con facilidad.
Sin embargo, aunque logró escapar de ellos, al llegar a la habitación del bebé se topó con un muro de guardaespaldas corpulentos contra los que no tenía ninguna oportunidad.
—Señorita, no nos ponga las cosas difíciles y acompáñenos —le advirtió el jefe de seguridad, cerrándole el paso y separándola del niño.
El hombre que sostenía a Lalo se veía torpe; el bebé parecía estar a punto de caérsele de las manos.
Pero la atención de Gloria estaba clavada únicamente en el bebé.
Al notar la desesperación en sus ojos, la mujer se detuvo y se acercó al guardia que llevaba a la criatura.
—¡Qué torpe eres, ni siquiera sabes cargar a un bebé! ¡Este es el nieto mayor de los Mendizábal, dámelo acá!
El hombre le entregó al niño de inmediato.
Bajo la mirada penetrante de Gloria, la señora Mendizábal pasó por su lado abrazando al bebé y se paró junto a Lucas.
—Mi niño hermoso, soy tu abuela, ¡y él es tu abuelo!
Lucas lo miró de reojo y su expresión se suavizó un poco.
La campanilla del elevador sonó y las puertas se abrieron.
Lucas dio un paso para entrar, pero se quedó congelado en el acto.
Desde su posición, Gloria no alcanzaba a ver quién estaba adentro; lo único que notó fue que una sombra imponente se proyectó desde el interior, cubriendo por completo a Lucas y obligándolo a retroceder de golpe.

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