¿Y los Mendizábal tienen muchas ganas de que regrese?
Irene sintió que algo no andaba bien.
Alicia siempre había detestado a Gloria por su origen humilde. Si resultaba que Gloria era la heredera de los Mendizábal, pasaría a ser una mujer con una posición muy distinta, ¡y su única ventaja frente a ella desaparecería por completo!
—Yo... —Martina dudó un momento antes de darse unas palmaditas en el vientre—. Es por mi culpa. Ya ves que Gloria tuvo un hijo. La herencia de los Mendizábal aún está en el aire y depende de quién tenga al heredero varón. Quieren adoptar al hijo de Gloria bajo mi nombre y el de Tomás, para que así toda la fortuna termine en nuestras manos.
Aunque Martina odiaba a Gloria con toda su alma, y mucho menos iba a querer a su bebé, por el bien de la herencia estaba dispuesta a tragarse su orgullo y presionar para que Gloria volviera a la familia.
—Irene, tienes que ayudarme con esto. Te aseguro que si Gloria regresa, será oficialmente una Mendizábal. Nosotros decidiremos con quién se casa y te juro que no dejaré que vuelva a buscar a Federico.
De no ser porque aún necesitaba a Irene, Martina jamás habría intentado arreglar las cosas con ella.
Irene sintió un hueco en el estómago, pues su mente ya volaba en otra dirección.
Aun así, disimuló y respondió: —No te preocupes, Martina. Pídeme lo que necesites.
—Mira, tienes que buscar la manera de traerme al hijo de Gloria. Si tengo al niño, te garantizo que Gloria regresará corriendo a la familia.
Martina la tomó del brazo y continuó: —Tienes que saber algo. La verdadera razón por la que no te casaste con Federico fue por ella. ¡La misma mañana de tu boda, Federico estaba en el hospital al lado de Gloria! ¡Y se quedó cuidándola durante todo un mes!
Los ojos de Irene temblaron de incredulidad. —¿Qué dijiste?
Ella siempre creyó que Alicia había cancelado la boda al ver su historial médico, y que por eso Federico no se había presentado.
¡Eso significaba que, incluso si Alicia no hubiera cancelado la boda, Federico jamás habría llegado al altar!
¿Por qué le importaba tanto Gloria? ¿Por qué le importaba tanto ese bebé?
¿Acaso...
¡¿Raúl le había mentido?!
—Espera a que te avise. Como Fede no vino, ya me voy.
Se dio la vuelta y salió a toda prisa del salón, decidida a buscar a Raúl en el hospital.
Pero para su sorpresa, justo en la entrada del hotel, vio a Raúl vestido con un traje gris oscuro, hablando por teléfono junto a una columna.
Al ver a Irene, la mirada de Raúl se volvió gélida. Colgó de inmediato y caminó hacia el interior.
Sostenía su celular, tomándole fotos sin parar a la carita del bebé.
Federico estaba sentado en el sofá, inclinado ligeramente hacia adelante, protegiendo a Lalo en sus brazos.
—Déjame cargarlo un ratito.
Alicia guardó el celular y estiró los brazos hacia el niño.
Federico la detuvo de inmediato. —¿Ya se lavó las manos?
—Me las lavé en cuanto llegué...
—Vaya a lavárselas ahora —ordenó Federico con un tono que no admitía discusión—. O no hay bebé.
—Tú...
Alicia bufó de coraje, pero al ver la expresión inflexible de su hijo, no le quedó más remedio que ir al baño.
—Si Gloria tiene alguna queja, que la diga de una vez. Tráiganse al niño a la casa lo antes posible. Si quieren pueden casarse en secreto por ahora mientras ella arregla sus asuntos con los Mendizábal, nosotros no nos meteremos.

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