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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 574

¡Si Alicia llegara a enterarse de que la salud de Irene estaba en perfectas condiciones y que todo había sido una vil farsa, seguramente destruiría a la familia Orozco!

Por supuesto, Helena defendería la mentira hasta la muerte.

—Alicia, no me gusta nadita cómo me estás hablando. ¿Crees que puedes taparle el ojo al macho con dinero? Puede que los Orozco no seamos tan asquerosamente ricos como los Córdoba, pero no nos falta ni un peso. ¿Tienes idea de cuántas miradas de lástima va a tener que soportar mi hija? ¿Del infierno que va a vivir? Te seré sincera: ella está enamorada de Federico. Él es un hombre tan exitoso que cualquier mujer se moriría por él. Ya que Irene nunca podrá ser mamá, ¿te parece un abuso querer que al menos sea feliz en el amor?

Escucharla hablar con tanto descaro hizo que Alicia perdiera los estribos.

—¡No digas tonterías! Fue ella solita la que decidió salvar a Federico, ¡nadie se lo anduvo rogando! Eres una egoísta de lo peor y criaste a una hija igualita a ti. ¡Si hubiéramos sabido que nos iban a salir con estas exigencias, no habríamos dejado que se metiera! ¡Al final de cuentas, Federico no se iba a morir!

—¡La única egoísta aquí eres tú! ¡Eres una mandona y no entiendes razones! —Helena dio un salto y se puso de pie de golpe—. Alicia, me rompe el corazón escucharte decir esas cosas. Claro, tu hijo está sano y salvo, pero mi niña...

No se sabía si era puro coraje o si sentía que era el momento perfecto para el drama, pero las lágrimas de Helena empezaron a escurrir y soltó un llanto a todo pulmón.

—Está clarísimo que al final siempre vas a ponerte del lado de los tuyos. La conoces desde hace años, pero no te importa ni un poquito su sufrimiento...

Los gritos hicieron que a Alicia le empezara a punzar la cabeza.

Sin embargo, en este tema no iba a ceder ni un milímetro, así que volteó a ver a Federico.

Federico seguía apoyado en la barra de la cocina, tomando su café con una tranquilidad pasmosa, como si el pleito no fuera con él.

Al sentir la mirada acusadora de Alicia, dejó la taza con calma y se acercó a ellas.

—Helena, Irene no fue la única persona que me salvó. Raúl Esquivel también estuvo ahí, y de hecho, él se llevó la peor parte.

Helena dejó de llorar de golpe, aunque aún tenía los ojos vidriosos.

—¿Qué?

—Tenía miedo de que, por agradecimiento, ustedes empezaran a darles ventaja a los Esquivel en los negocios sin darse cuenta —respondió Federico.

Era verdad.

Los Esquivel se la habían visto negras en el mundo empresarial.

Si Alicia y los demás se hubieran enterado, habrían ayudado a la familia de Raúl por inercia.

Una vez se convierte en dos, luego en tres.

Y los Esquivel no habrían tardado en aprovechar esa gratitud para sacar provecho de los Córdoba.

—Bueno, aunque Raúl haya estado ahí, ¿Irene te ayudó o no? —Helena intentó desviar el tema de nuevo a su favor—. ¡Te ayudó y salió herida, eso nadie lo puede negar! Entiendo perfectamente que una familia tan poderosa no puede quedarse sin un heredero. Federico estuvo casado con Gloria Loyola, y ella ya tuvo un hijo suyo. Irene lo sabe desde hace tiempo y jamás hizo ningún berrinche al respecto. ¡Los Córdoba necesitan un niño! Nosotros no le vemos ningún problema a que traigan al hijo de Gloria y lo registren bajo el nombre de Irene. ¿A poco no es la solución perfecta para todos?

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