—Sí, los abuelos no están muy bien de salud, así que se quedó un tiempo más en Belgrano Norte —respondió Federico con bastante calma.
—Entonces tú y Jaime...
—A comer. —Gloria tomó un tomate cherry y se lo metió a Virginia en la boca.
Virginia soltó un quejido ahogado al sentir la comida.
—Sí, hay que comer rápido.
Raúl tomó sus cubiertos.
—Prueben este filete de pescado, está muy fresco, lo acaban de preparar.
Virginia, resignada, empezó a masticar.
—¿Y cómo te va en el trabajo? —preguntó, aprovechando la oportunidad para volver a centrar su atención en Gloria.
—Bastante bien, es de medio tiempo, así que no se me hace pesado.
Gloria le sonrió.
—No te preocupes por mí, y mucho menos por Lalo. Cuando estoy trabajando, el ama de llaves y Margarita lo cuidan muy bien.
Tras decir esto, giró la cabeza, miró a Federico y añadió:
—Y Federico también ha ayudado muchísimo.
Lo que ella ignoraba era que, durante su jornada laboral, Lalo casi ni pasaba por las manos de Margarita o del ama de llaves.
Federico era quien se encargaba de él todo el tiempo.
—Entonces, deberías agradecerle a Federico —comentó Raúl, siguiendo la corriente de la conversación.
Gloria ya había perdido la cuenta de cuántas veces le había dado las gracias de palabra.
Se sirvió un vaso de jugo y chocó levemente su vaso contra el de Federico.
—La verdad es que sí tengo mucho que agradecerte. Brindo con jugo, espero no te moleste.
Federico dejó sus cubiertos y, con sus manos de nudillos marcados, tomó su vaso.
—Luego puedes compensármelo con un buen trago.
Gloria se atragantó con el jugo y empezó a toser.
Federico, que ya se llevaba el vaso a los labios, lo bajó de inmediato y levantó la mano para darle unas suaves palmadas en la espalda.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA