La felicidad de Virginia se había construido sobre el sufrimiento de Gloria.
En los últimos días, por más que intentaba convencerla, Yolanda se negaba rotundamente a aceptar a Gloria.
No es que no la aceptara como una Mendizábal, sino que no soportaba la idea de que Virginia fuera amiga de Gloria.
Y para empeorarlo todo, Virginia no podía ser dura con Yolanda. Toda esa presión de los últimos días la estaba asfixiando.
Se sentía atrapada entre su mejor amiga y sus padres biológicos, cuidando cada palabra para no herir a nadie.
¡Ambas partes eran indispensables para ella, las amaba con toda su alma!
Sentía que le faltaba el aire sin importar a quién perdiera.
Si la familia de Lucas hubiera sido buena gente, si hubieran reconocido a Gloria y la hubieran tratado con cariño, el hecho de que no pudiera frecuentar a Gloria por la enemistad entre Lucas y José Mendizábal no le dolería tanto como ahora.
—Yo nunca estuve tan obsesionada con encontrar a mi familia biológica como tú. Ahora que ya perdí la esperanza, no me duele tanto.
—No lastimes a tus padres, especialmente ahora que acaban de encontrarte. Todavía están muy enojados por todo lo que pasó. Nosotras somos amigas para toda la vida, nuestra relación no se va a terminar. Dales un poco de tiempo.
Para que los padres de Virginia pudieran tratar a Gloria con normalidad, necesitaban tiempo para disipar todo el coraje y las emociones negativas que tenían guardadas.
El dolor de haber estado separados de Virginia por más de veinte años, y el trauma de Yolanda que casi le cuesta la vida, eran heridas que no sanarían jamás.
El daño que la familia de Lucas le había hecho a Gloria no se comparaba con el sufrimiento que los Mendizábal habían soportado todos esos años.
—Como sea, menos mal que al menos tienes a Federico —dijo Virginia, con los ojos llenos de lágrimas—. Si él no te estuviera apoyando, de verdad no sabría cómo ayudarte o qué hacer...
Gloria no podía enfrentarse sola a la familia de Lucas, y si Virginia intentaba ayudar, sus padres se lo prohibirían categóricamente.
Si eso pasaba, Virginia solo sufriría más.
—Es cierto, él me ha ayudado mucho. —Gloria nunca había negado el apoyo que Federico le había brindado.
—¿Verdad que sí? Federico es muy útil —Virginia se sonó la nariz, sollozando—. Por eso, Gloria, si algún día te enteras de que hice algo a tus espaldas, por favor no te enojes conmigo. ¡Todo lo hago para protegerte!
Gloria se quedó sin palabras para consolarla.
Se quedó mirándola fijamente, observando cómo lloriqueaba.

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