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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 660

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Sin embargo, el resto lo murmuró tan bajo que solo Raúl pudo escucharla.

—Su abrigo y su celular están en la entrada, que no se les olvide nada —indicó Gloria, siguiéndolos para ayudar a recoger sus cosas.

Raúl, con movimientos torpes, primero ayudó a Virginia a sentarse en el asiento del copiloto, luego acomodó a Bruno en su silla infantil y le abrochó el cinturón. Para cuando terminó, ya estaba sudando.

Gloria se quedó de pie afuera, recargando los brazos en el marco de la ventanilla del copiloto.

—Suelta la sopa de una vez. No creas que te vas a salvar haciéndote la dormida, más te vale decirme qué fue lo que hiciste.

Virginia, con los ojos cerrados fingiendo estar profundamente dormida, chasqueó la lengua y giró la cabeza, dándole la nuca a Gloria.

Gloria soltó una risa exasperada, se enderezó y dio un par de pasos hacia atrás para despejar el camino.

—Vuelva adentro, señorita Loyola. Yo me encargo de mi esposa y de mi hijo.

—Maneja con cuidado —le dijo Gloria a Raúl, asomándose un poco—. Mándame un mensaje cuando lleguen.

Raúl asintió y arrancó el coche.

Gloria esperó a que el auto desapareciera de su vista antes de darse la media vuelta para entrar.

Federico estaba con Lalo en la terraza techada, contemplando el cielo estrellado.

Al empujar la puerta, Gloria percibió un ligero olor a alcohol.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que Federico también había estado bebiendo; Raúl lo había acompañado brindando con té, pero él había consumido alcohol de verdad.

Había bajado media botella de un vodka bastante fuerte.

Tenía los ojos un poco rojos, pero su mirada seguía siendo lúcida; no estaba borracho, apenas un poco entonado.

—Vete a descansar. Yo llevo a Lalo a su cuarto.

Ella tomó al bebé en brazos.

Federico soltó el piececito de Lalo que estaba acariciando.

—Si empieza a llorar en la noche, tráelo a mi habitación.

—No es necesario, estuviste tomando, mejor descansa.

Gloria subió las escaleras con Lalo.

Le lavó la carita, le limpió el cuerpo, encendió la lámpara de noche y se acostó un rato a jugar con él.

El pequeño estuvo inusualmente bien portado; después de comer y jugar un rato, se quedó profundamente dormido.

Gloria estiró el brazo para apagar la lámpara, pero notó que las luces de la terraza techada seguían encendidas.

¿Acaso Federico aún no había subido?

Se levantó, se asomó por la ventana y lo vio sentado en el jardín.

Capítulo 660 1

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