Gloria sabía que Jaime no usaría el sello para hacer algo ilegal, pero le preocupaba que se deshiciera de él sin cuidado. Si alguien con malas intenciones se lo encontraba, estarían en graves problemas.
Una hora más tarde, apenas puso un pie en las oficinas, Gloria notó un ambiente tensísimo.
Se fue directo al despacho de Mateo, tocó la puerta y entró cuando le dieron permiso.
—Señor Granados.
—Vaya, qué lujos te das, Gloria. Llegando a esta hora... Llevas un par de días trabajando aquí y ya lograste perder el sello oficial de la empresa. ¿Qué explicación piensas darnos? —Mateo estaba furioso.
No solo se había frenado el acuerdo con el Grupo Mendizábal, sino que todos los demás contratos que necesitaban el sello oficial habían quedado congelados.
Las pérdidas eran incalculables.
—Quien perdió el sello fue su hijo, el señor Jaime Granados. Fui a buscarlo a primera hora al aeropuerto, pero no lo recuperé —explicó Gloria con mucha calma.
No pensaba ser el chivo expiatorio de Jaime.
Mateo apretó los dientes, arrepintiéndose de no haberle soltado un par de bofetadas a su hijo en el aeropuerto el día anterior.
—¿Y me vas a decir que tú no tienes nada de culpa en este asunto? —Estaba tan frustrado que quería culpar a Gloria a como diera lugar porque no tenía con quién desquitarse.
Gloria mantuvo una expresión impasible.
—Considero que no tuve la culpa. Pero si usted cree lo contrario, acataré las consecuencias que decida imponerme.
—Se nota que Federico fue quien te entrenó. Sabes jugar tus cartas a la perfección: te haces para atrás para tomar impulso y atacas primero. Eres tan metódica que ni queriendo encuentro un motivo válido para castigarte.
Mateo sacó un contrato de uno de los cajones.
—Menos mal que el día que decidí asociarnos con los Mendizábal mandé a preparar el contrato y le pusieron el sello. Llévaselo para que lo firmen. Es el único que tenemos, así que no quiero ni un solo error.
Gloria frunció un poco el ceño.
—De acuerdo.
Después de dejar que revisara el contrato, Mateo sacó un sobre de papel manila, metió los papeles, lo cerró bien y se lo entregó.
Si la intención de Mateo era correrla, de nada serviría aplazarlo; tarde o temprano lo haría.
Al salir de la oficina, Gloria le pidió a Amelia que se comunicara con el Grupo Mendizábal para agendar la firma del contrato.

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