Federico agarró otro vaso y se lo bebió de un solo trago.
—Ya no tomes más. Dejemos de hablar de Gloria y pasemos a otro tema —dijo Raúl, dándose cuenta de que había tocado una herida abierta. Apagó el fuego, sirvió el té en una taza y lo llevó a la sala.
—Por cierto, ¿no hay mucho trabajo en el Holding Rivadeneira estos días?
—Bastante. Desde que ella se fue, esto es un caos total —respondió Federico.
Raúl se quedó sin palabras.
—Me enteré de que Paulina Córdoba llegó a Belgrano Norte. Tal vez otro día...
—Paulina quiso reunirse con Gloria, pero ella se negó a llevar a Lalo a esa cita —lo interrumpió Federico.
Raúl se humedeció los labios. Al no encontrar de qué hablar, volvió a sacar el tema de Virginia.
—Oye, últimamente mi relación con Virginia ha estado un poco rara. Dime, ¿qué es exactamente el amor? ¿Sentir deseo físico por alguien significa que te gusta?
Federico le dirigió una mirada fría. —Si solo sientes deseo físico, entonces eres un animal.
La expresión de Raúl se congeló. —Entonces, ¿qué es el amor de verdad?
—El verdadero amor no es solo sentir deseo físico, sino ser capaz de controlarlo por el bien de esa persona.
Federico soltó el vaso vacío, agarró uno lleno y volvió a vaciarlo de un trago.
Las palabras de su amigo dejaron a Raúl con un escalofrío.
Virginia era la única mujer por la que alguna vez había sentido un deseo tan visceral.
Él creía que eso era amor... ¿acaso estaba equivocado?
—Entonces, ¿cómo sé si le gusto a una mujer? —insistió—. Virginia me pidió mi número hace mucho tiempo. Eso significa que le gusto, ¿verdad?
Federico lo miró de reojo. —Por lo que sé, la cantidad de hombres a los que Virginia les ha pedido el número daría la vuelta al mundo.
Raúl se quedó mudo.
Pudo escuchar el sonido de su propio corazón rompiéndose.
—Yo también voy a tomar algo. Total, no tengo cirugías esta tarde —murmuró Raúl, agarrando un vaso.

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