Samuel la vio con el rostro enrojecido, visiblemente alterada. Apretó sus labios sensuales y, en un intento por calmarla, dijo: —Está bien, si la vendiste, pues ya está. Es solo una casa.
»Te compraré una nueva.
—¿Acaso sería lo mismo?
Aitana sintió una repentina oleada de impotencia.
Samuel siempre era así. Lo que para ella era importante, para él no tenía valor.
Nunca entendía por qué se enfadaba, siempre la trataba como a una niña, como si estuviera haciendo un berrinche.
Aitana cerró los ojos. Comunicarse con Samuel la agotaba.
—Samuel, no tengo ganas de seguir discutiendo contigo —dijo con voz cansada—. Firma la renuncia de una vez y nos haremos un favor a ambos.
—¿Es por Melisa?
Samuel reflexionó un momento, creyendo haber entendido. Entornó los ojos y dijo en voz baja: —Fue idea del abuelo.
Quizás al darse cuenta de que Aitana estaba realmente molesta esta vez, Samuel se mostró inusualmente paciente. Le explicó la situación con todo detalle, con su característica voz áspera y despreocupada.
—Como sabes, el marido de Melisa falleció hace dos meses. La familia Sánchez la culpó y la despidió de la empresa.
»El abuelo quiso encontrarle un trabajo tranquilo y bien pagado en el Grupo Galindo, como una forma de darle una pensión sin herir su orgullo.
Eso sí que Aitana no se lo esperaba.
Pero, ¿qué tenía que ver con ella?
El problema entre ella y Samuel iba mucho más allá de este incidente aislado.
Ya no había vuelta atrás.
Aitana lo miró con frialdad, insistiendo en una sola cosa: —Firma. Quiero renunciar.
Samuel bajó la vista hacia el documento sobre el escritorio, sus labios apretados en una fina línea. Frunció el ceño, conteniendo a duras penas su irritación.
Era una de las pocas veces que le daba explicaciones a Aitana, que intentaba ser considerado, y ella se negaba a aceptarlo una y otra vez.
Samuel estaba acostumbrado a mandar y a la dócil obediencia de Aitana.
Apartó la vista del documento con indiferencia, y su voz se tornó más fría, aunque aún contenía un ápice de paciencia. —Hablaremos de la renuncia más tarde.
»Es hora de comer. Te llevaré a almorzar.

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