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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 472

Elara giró el rostro rápidamente, negándose a admitirlo.

—No estoy llorando.

Renato la tomó del rostro y, con sus cálidos pulgares, le limpió suavemente las lágrimas. Su voz era ronca y llena de ternura.

—No llores, me duele verte así.

La tensión que Elara había intentado mantener se desmoronó por completo ante esas palabras. Lo miró con los ojos empañados y la voz quebrada.

—Si te doy asco... ¿entonces por qué eres tan bueno conmigo?

Lo empujó con una mano.

—No quiero tu lástima... y mucho menos tu compasión... —y se giró hacia la puerta.

Las pupilas de Renato se dilataron por la sorpresa.

¿Qué había dicho?

¿Que le daba asco?

Si la adoraba más que a nada, ¿cómo podría darle asco?

De pronto entendió que su resistencia y autocontrol habían sido malinterpretados por ella. Dio pasos rápidos, la alcanzó y la abrazó con fuerza por detrás.

—Nunca me has dado asco.

Las lágrimas de Elara rodaban sin cesar. ¿De qué servía que la consolara ahora?

—Soy divorciada, tuve un hijo... Sé que no soy digna de ti... Puedes ser directo...

Escuchar sus palabras llenas de tristeza y resentimiento le encogió el corazón. La tomó por los hombros, haciéndola girar para que lo mirara de frente, y le habló con tono solemne.

—Elara, nadie es digno de ti, pero me esforzaré por hacerlo mejor que cualquier otro.

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