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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 470

Él atrapó las muñecas de Elara y las inmovilizó por encima de su cabeza. Con la otra mano, trató de desabrochar el pantalón de ella. Tal vez por la prisa o por la inexperiencia, no lograba zafarlo. Desesperado, dio un tirón salvaje.

Un crujido seco resonó en el baño cuando el botón salió volando y rodó por el piso.

Tener las manos clavadas sobre su cabeza la llenaba de pudor, pero la forma violenta en que le arrancó el botón la hizo sentir que el hombre que tenía enfrente era un completo extraño.

Aquel arrebato contrastaba brutalmente con el Renato sereno, dueño de sí mismo y protector de siempre.

Empezó a sentir miedo de verdad. Su cuerpo comenzó a temblar sin que pudiera evitarlo. Sus muñecas, prensadas contra la pared por la fuerza brutal de Renato, le dolían horrores.

Intentó retorcerse un poco para liberarse.

—Renato, me estás lastimando las manos.

La voz de la mujer, ahogada y temblorosa, cayó sobre Renato como una cubeta de hielo. El pánico que nublaba su mente se disipó al instante. Levantó la cabeza, despegándose del cuello de Elara, y vio que lo miraba con los ojos brillantes, cargados de un terror innegable.

Tenía miedo. De él.

En ese instante, las venenosas palabras de Dylan le reventaron en la cabeza: «Me amaba tanto que se casó conmigo. Aunque ahora estemos divorciados, eso no se borra. Tú solo te aprovechaste de que yo le hice daño, te colaste cuando estaba destrozada. No te ama; para ella solo eres un salvavidas, un premio de consolación porque no tiene a dónde ir».

Aquella noche, la noche de su boda, ya se había aprovechado de ella y la había tomado por la fuerza. Y después, cuando ella estaba hecha pedazos por culpa de Dylan, había usado todos los trucos sucios para encadenarla a su lado. No podía volver a ignorar sus sentimientos; no iba a tomarla a la fuerza.

Había esperado por ella quince largos años. No le importaba seguir esperando. Estaba convencido de que, algún día, ella lo amaría por voluntad propia y sería suya de verdad.

Renato la soltó al instante. Su voz sonó profunda y rasposa por el esfuerzo de dominarse.

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