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Esposa imperdonable romance Capítulo: Él quiere el divorcio

—La abuela por fin ha muerto —anunció Travis Mayer con una voz que heló el aire—. Ahora, ya no tengo por qué seguir atado a una mujer como tú... con el corazón oscuro y la sangre de hielo. ¡Quiero el divorcio, Sídney!

Sídney sintió cómo el mundo se le resquebrajaba en un solo segundo.

Sus ojos se abrieron desmesuradamente, incrédulos, como si no acabaran de comprender lo que acababa de escuchar.

Estaba sentada en el sofá del salón principal, vestida de negro riguroso, como dictaba el luto. Sus manos temblaban, apenas logrando sostenerse la una con la otra. El temblor de sus dedos no era por frío... era miedo. Miedo a lo inevitable. Miedo a perder lo poco que aún conservaba.

Claro que lo esperaba. Una parte de ella siempre supo que ese día llegaría.

Las familias Shepard y Mayer compartían décadas de vínculos inquebrantables: alianzas de negocios, bodas arregladas, una amistad conveniente entre las familias... hasta que su padre, el hombre que le dio la vida, cometió la traición más atroz.

Intentó robar la fortuna de ambas familias. Y en el intento, terminó matando a los padres de Travis.

Desde entonces, el apellido Shepard quedó manchado para siempre. Su padre en la cárcel, condenado a cadena perpetua. Ella, convertida en el recordatorio viviente de una tragedia.

Travis arrojó los papeles de divorcio a sus pies como si fueran basura. Como si ella lo fuera.

—¡Firma el divorcio! —gruñó, con los ojos encendidos de furia—. Ella ha vuelto.

Sídney apenas logró articular palabra.

—¿Ella? —susurró, sintiendo que la garganta se le cerraba.

—Leslie —pronunció él, como si nombrara a una diosa—. La única mujer que me ha amado. Ahora que la abuela ya no está, no hay nadie que nos impida ser felices. Para siempre.

El alma de Sídney se desmoronó por completo. Sus piernas flaquearon y se dejó caer al suelo, como una muñeca rota, sin fuerzas. Las lágrimas comenzaron a brotar, silenciosas al principio, luego incontenibles.

Se arrastró hasta él, aferrándose a un último rayo de esperanza.

—¡Por favor, Travis! —suplicó con la voz quebrada—. Yo te amo... no me dejes. Podemos volver a intentarlo, estoy segura de que tú también sientes algo. No puede haber sido todo mentira... déjame demostrártelo.

Pero lo que recibió no fue compasión. Ni siquiera desprecio. Fue peor: risa. Una carcajada seca, burlona, cruel. Una risa que dolía más que mil insultos juntos.

—¿Amor? —repitió con veneno—. Yo nunca te he amado. ¡Nunca te amaré! Lo nuestro fue un pacto, un arreglo, un castigo que tuve que soportar por años. Firma ese maldito divorcio. Lo que hubo entre nosotros... terminó.

Sin decir más, se marchó.

Y el silencio que dejó tras él fue más ensordecedor que cualquier grito.

Sídney se quedó ahí, sola, tirada en el suelo, llorando como una niña abandonada. Cada sollozo sacudía su cuerpo. El maquillaje se le corría por las mejillas, pero no le importaba. Ya nada importaba.

«¿He perdido la dignidad?», pensó.

«¿He tocado fondo?»

Quizá sí. Pero también sabía que no todo era en vano. Todo tenía un propósito.

Con las manos temblorosas, sacó de su bolsillo un papel arrugado y manchado de lágrimas: una prueba de embarazo. Positiva. De hacía apenas una semana.

Llevaba días guardándola, esperando el momento adecuado para decírselo.

Desde hacía un mes, Travis se había mostrado diferente... más cercano, más humano. Hacían el amor casi todos los días, hablaban por horas, compartían silencios que ya no parecían incómodos.

Ella creyó, de verdad, que lo estaba conquistando. Que el odio había comenzado a diluirse.

Se equivocó. Se equivocó tanto…

Se abrazó el vientre, aún plano.

—Lo siento —susurró al bebé que crecía dentro de ella—. Quise darte un padre… de verdad lo intenté. Pero no pude. No me dejó.

Capítulo: Él quiere el divorcio 1

Capítulo: Él quiere el divorcio 2

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