Amaya se quedó congelada, apretando el celular en su mano.
Era la primera vez que escuchaba el nombre de la mujer que Liam escondía: Renata.
Supuso que Liam, presionado por su familia y sin poder casarse con Renata, la estaba usando a ella como un simple escudo.
Pero como era ella quien le había suplicado ayuda, no tenía derecho ni autoridad moral para ofenderse.
Con el rostro completamente sereno, Amaya regresó a la ventanilla.
Liam ya había firmado los papeles y la esperaba apoyado en la silla, con las piernas cruzadas y una expresión indescifrable.
—¿Estás segura? —preguntó con un tono de burla sutil.
—Sí —asintió ella.
Al salir del Registro Civil, el sol del mediodía les deslumbró la vista.
El celular de Amaya vibró. Los tres millones acababan de ser depositados.
Sacó de su bolso un pagaré que ya había redactado y se lo entregó.
—Aquí tienes. Dentro de tres meses te haré el primer pago de cien mil.
Amaya sabía perfectamente que, si le decía a Emiliano que se había casado con Liam Campos, él no le volvería a mencionar los tres millones.
El objetivo del padrastro nunca fue el dinero, sino los beneficios de una alianza matrimonial útil y extinguir cualquier idea de rebeldía en ella.
Incluso si hubiera juntado el dinero por su cuenta, Emiliano habría inventado cualquier otra excusa para forzarla a casarse.
Pero ella se negaba a seguir siendo un títere.
Ese dinero representaba el pago por los diez años que había sobrevivido bajo el techo de los Lozano. Era también la forma de arrancar de raíz diez años de un amor unilateral y una espera estúpida.
Con esto, todas sus deudas quedaban saldadas.
Liam, sin embargo, no lo veía así. Para él, todo era un jueguito de seducción y manipulación de su parte.
—No es necesario que me pagues —dijo con total desinterés, mientras la brisa le alborotaba un poco el cabello—. Te casas conmigo y yo te doy tres millones. Es un trato justo.
Amaya no respondió. De todos modos no iba a juntar esa suma de la noche a la mañana, así que no tenía sentido gastar saliva discutiéndolo.
—Por supuesto, podemos divorciarnos en cualquier momento —agregó él.
Amaya asumió que lo decía para proteger a Renata y dejarle el camino libre para el futuro.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Esposa por Contrato, Amante por Deseo