Valeria escuchaba los murmullos a su alrededor y a duras penas podía mantener la sonrisa en su rostro.
Patricio estaba aún peor; su expresión era aterradora.
Miraba fijamente las espaldas de Alba y Liam, sintiendo cómo los celos y la frustración le hervían en el pecho.
—Patricio... —Valeria tiró suavemente de su manga, con los ojos enrojecidos—. No te pongas triste, seguro Alba... solo lo hace por despecho...
Patricio no quería creer que Alba lo hubiera olvidado tan rápido.
Estaba seguro de que solo quería darle celos.
Al ver a Patricio absorto, Valeria sintió una punzada de ansiedad.
*¡Maldita!* —maldijo Valeria para sí misma, apretando los dientes—. *¡Ya verás, Alba!*
La fiesta transcurría entre risas y charlas.
Como Liam rara vez asistía a este tipo de eventos, muchos se acercaban para saludarlo.
Su presencia allí tenía como objetivo acabar con los rumores.
Últimamente, los medios habían estado insinuando que estaba gravemente enfermo, y de no aparecer, las acciones del Grupo Góngora se verían afectadas.
A Alba no le interesaban en lo absoluto los enredos del mundo de los negocios.
Decidió salir a tomar aire a los jardines del hotel; había bebido un poco de alcohol y necesitaba despejarse.
El clima afuera era muy agradable, y había una piscina con el agua brillando bajo las luces.
Al ver que Alba había salido, Valeria se alegró en secreto y la siguió.
—Alba...
Alba rodó los ojos al escucharla. ¡Qué pesadilla, no le daba ni un segundo de paz!
Se volvió y miró la expresión dócil y sumisa de Valeria.
—Aquí no hay nadie, no tienes que fingir. Habla, ¿qué quieres ahora?
La sonrisa de Valeria se congeló, dejando caer la máscara.
Al escuchar los gritos, Patricio llegó corriendo, y al ver la escena, sus ojos casi se salen de sus órbitas.
—¡Alba! ¡¿Estás loca?!
Sin dudarlo, se lanzó al agua y sacó en brazos a una Valeria completamente empapada.
Valeria, temblando, se acurrucó en su pecho y lloró desconsoladamente.
—Patricio... yo solo quería pedirle disculpas... no pensé que ella...
—¡Alba! —bramó Patricio, furioso—. ¿Desde cuándo te volviste tan perversa?
Patricio había ido a buscar a Alba con la intención de hablar y arreglar las cosas.
Pero al ver aquello, sus planes se desvanecieron.
Alba se cruzó de brazos y una sonrisa burlona asomó en sus labios.
—Patricio, ¿acaso estás ciego? ¿No te das cuenta de que esto es un teatro barato?

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