—Muy bien, muy bien, siempre eres muy detallista, Albita. Dejaré que Tamara Saldaña se encargue de esto, ella se pondrá en contacto con Ignacio.
—En cuanto a ese grupo de chicos atractivos, ya tengo a tres buenos prospectos en la mira. La próxima semana haré que se reúnan contigo.
Fer y su mejor amiga trabajaban a la perfección juntas. No hacía falta explicar las cosas en detalle, ambas captaron la idea al instante.
Al ver que a la empresa le iba cada vez mejor, Fer estaba especialmente feliz.
—Hace tiempo que no salimos a tomar algo. ¿Qué te parece si vamos de copas y al karaoke?
Fer se frotaba las manos de anticipación, mirando a Alba Moreno con ojitos de perro apaleado.
Sentía que llevaban siglos sin salir a divertirse y relajarse como se debía.
Aparte del exceso de trabajo reciente, la otra razón para salir era huir de cierto hombre insoportable.
Ese tipo, Isaac Moreno, era verdaderamente despreciable. Cuando ella lo buscaba antes, él ni la determinaba.
No solo no le importaba en absoluto, sino que dejaba que esa supuesta hermana, Valeria, la humillara y los separara.
Y ahora que ella era alguien inalcanzable, el desgraciado aparecía a molestarla cada tres días.
¡Era irritante más no poder!
—Claro, sin problema —aceptó Alba Moreno de inmediato.
Mezclar trabajo con ocio era buena idea; dedicarse solo a trabajar sin relajarse no era sano ni física ni mentalmente.
Las amigas decidieron no perder tiempo. Arrastraron a Tamara Saldaña con ellas y salieron de la oficina.
La noche cayó.
Al ser figuras públicas, especialmente Alba Moreno que ganaba más popularidad cada día, salir a cualquier parte implicaba el riesgo de ser rodeadas por los fans.
Por eso, eligieron un lugar con un nivel de exclusividad altísimo.
Era un club de socios al que solo la gente de la industria podía acceder.
Los ciudadanos comunes jamás podrían entrar ahí.


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