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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 200

Llena de preguntas, Alba llamó inmediatamente a su tía.

—Tía Lana, fíjate que de pronto me acordé de que tengo bastante experiencia tratando problemas de la piel. Voy para allá ahora mismo.

Vaya, de repente se sentía tan caritativa como una santa.

Cuando Alba llegó a La Quinta Ancestral, Norma seguía armando un alboroto monumental, gritando y pataleando como loca.

Sus chillidos agudos se escuchaban desde la puerta.

Al entrar, lo primero que vio fue el rostro desencajado y al borde del colapso de Sara.

—¡Lana, me vale madre que hayas llamado a Alba! ¡La que va a pagar con su propia piel es Valeria!

Norma estaba cada vez más histérica. Le importaba un comino su imagen de dama sofisticada, se dio la vuelta y se le fue encima a Sara, escupiendo veneno:

—¡Sé perfectamente que siempre has idolatrado a Valeria y pisoteado a tu propia hija! ¡Pero ni te creas que usando a tu verdadera hija como escudo vas a salvar a esa perra que recogiste!

—¡Yo no hice eso! ¡Yo no le pedí a Alba que viniera! —Sara sentía que la estaban culpando injustamente.

Ella no creía ser parcial. Después de todo, el cariño era algo recíproco, ¿no?

Valeria siempre había sido dulce, atenta y la cuidaba en todo, mientras que esa mocosa ingrata de Alba siempre la trataba con frialdad y desprecio.

¿Acaso no era lo más normal del mundo que tuviera un poquito de preferencia por Valeria?

Sara pensaba que no había un solo padre en la faz de la Tierra que quisiera a todos sus hijos exactamente igual.

Y si alguien decía que lo hacía, era pura actuación para engañar a los tontos.

Además, con todo el escándalo que estaba haciendo Norma, ¡jamás se le había ocurrido usar a Alba como escudo!

Por eso se sentía la víctima más grande del mundo.

—¡Ja! Deja de decir estupideces, el descarado favoritismo de los Moreno es un secreto a voces. Todo el mundo en nuestro círculo social lo sabe.

Enojada, desesperada y al borde de la locura, Norma soltaba lo primero que se le venía a la mente, sin ningún tipo de filtro.

Todo su círculo social sabía de la extraña enfermedad que Lana había padecido recientemente.

Verla ahí parada, más sana que nunca, era algo realmente impactante. Todos pensaban que había encontrado a un curandero prodigioso o un maestro de la medicina natural.

¡Nadie se hubiera imaginado que ese genio de la medicina era Alba!

¡Era demasiado absurdo para ser verdad!

Sara, la propia madre de Alba, también estaba confundida.

¿No se suponía que Alba solo se había encargado de contactar al doctor? ¿En qué momento se convirtió ella misma en la doctora de Lana?

—Mira, de todos modos, tu cara ya está destrozada y los doctores del hospital jamás podrán curarte.

—Así que, o te la juegas conmigo, o te acostumbras a usar cubrebocas por el resto de tu vida. Tú decides.

Alba no tenía paciencia para discutir con ella. Si el asunto no estuviera relacionado con el Sindicato de Boticarios, jamás habría movido un dedo.

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