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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 234

—Ni la menciones. ¡Quién sabe con qué clase de chusma se habrá juntado esos años que estuvo desaparecida! ¡Es una persona completamente distinta!

Ya no era la hermanita dulce, obediente y brillante de antes.

Ahora, Alba parecía haber regresado solo para cobrar venganza. ¡Sin importar de qué se tratara, siempre iba en contra de los Moreno!

—Pero... ¿y Valentina?

—No te preocupes por eso ahora. Hoy eres la cumpleañera. Mamá y papá organizaron esta fiesta para ti y tienes que estar perfecta.

—Ve con ellos, saluda a los invitados. Te vendrá muy bien para hacer contactos.

—Déjame el asunto de Valentina a mí, yo me encargaré de arreglarlo.

Aunque la familia Navarro no era tan poderosa como los Moreno, seguía siendo una de las familias más cultas y prestigiosas de la alta sociedad. Ese pequeño "incidente" no podía salir a la luz bajo ninguna circunstancia.

Si los Navarro se enteraban de que Valentina casi se ahogaba por culpa de ellos, habría un gran escándalo.

—Está bien, iré a buscar a mamá y a papá. Si necesitas algo, no dudes en buscarme.

Valeria le dedicó una dulce sonrisa, se levantó el vestido con elegancia y se marchó.

Sabía que no podía culpar formalmente a Alba de intentar ahogar a Valentina.

Pero con eso bastaba. Había logrado que la familia Moreno sintiera aún más asco y rencor hacia ella, y ese era su verdadero objetivo.

Naturalmente, casi nadie en el crucero se había enterado de lo sucedido.

Pero Isaac Moreno sí lo supo, y lleno de ira, salió a buscar a Alba para enfrentarla.

¿En qué momento su hermana se había vuelto un monstruo capaz de intentar matar a alguien?

Si no le ponía un alto y le daba su merecido de una buena vez, ¡esa chiquilla terminaría hundiendo a toda la familia en la miseria!

Uno buscaba desesperadamente a Alba; el otro necesitaba encontrar a Valentina.

Y, por casualidad, ambas estaban juntas.

—Alba, ¿qué haces con Valentina?

Cuando los hermanos las vieron juntas en la zona de bebidas, no daban crédito a sus ojos.

Ante la mofa de Alba, el rostro de Mateo se endureció.

—¿Qué intentas decir?

—¿Que qué intento decir? Si quieres seguir viviendo en tu burbuja de ignorancia, es tu problema. ¡Lárgate a lamerle las botas a tu preciosa Valeria y déjame en paz!

Alba estaba harta de ese idiota. Sabía que aunque le pusiera las pruebas en las narices, seguiría sin creerle.

Seguramente, el día que Valeria lo hiciera picadillo para dárselo a los perros, se daría cuenta de la verdad.

—Alba, ¡¿qué clase de actitud es esa?! ¡Es tu hermano mayor, no puedes hablarle así!

Isaac, que acababa de llegar, empezó a gritar con un tono de indignación moral.

Antes de que Alba pudiera responder, Fernanda se le fue directo a la yugular:

—¡Miren nomás, salió el renacuajo creyéndose tiburón!

—¡Andas siempre detrás de los demás, creyéndote muy importante cuando solo eres un arrastrado!

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