Isaac se quedó perplejo por los insultos. Abrió la boca, pero no pudo articular palabra.
Después de un largo momento, se señaló a sí mismo, mirándola con total incredulidad.
—¿Tú... me estás hablando a mí? ¡¿Cómo te atreves a decirme eso?!
Antes, esa maldita mujer siempre le decía que era guapo, que tenía buen gusto, que nadie podía compararse a él.
¡Y ahora mírenla soltando todo ese veneno!
¿Acaso todo lo que le decía antes era una vil mentira, puras palabras vacías para adularlo?
—Sí, te hablo a ti, ¿algún problema? ¿Acaso dije alguna mentira? Te pasas la vida con esa cara de don nadie arrastrándote detrás de Valeria, ¿y para qué?
—Je. ¡Para que ella ni siquiera te tome en serio! Y tú ahí, como perro faldero, diciéndole "hermanita" para todo. ¡Eres patético!
Fernanda parecía haber desbloqueado todo su potencial; no estaba dispuesta a darle ni un respiro a Isaac.
En el pasado, se había humillado para complacerlo a él y a su insoportable hermana, Valeria. ¡Pero ya se le había acabado el teatrito!
¡Lo iba a hacer trizas con sus palabras!
Alba, que escuchaba a su lado, empezó a aplaudir animadamente para apoyar a su amiga y, de paso, echar más leña al fuego:
—Fer, me alegra que por fin abrieras los ojos. A un hombre tan lamentable de la familia Moreno hay que tirarlo a la basura. ¡Cualquiera lloraría de lástima si se lo llegara a encontrar!
Haber sido humillado públicamente y sin piedad por su exnovia ya era demasiado para Isaac, y la vergüenza se estaba transformando rápidamente en rabia.
Pero al escuchar los comentarios punzantes de Alba y ver cómo Valentina se tapaba la boca para reírse de él...
Sintió que le estaban dando bofetadas frente a todo el mundo. ¡Era la mayor de las humillaciones!
—¡Cállate la boca, maldita loca! ¡Seguro que Alba te lavó el cerebro para que te portaras de esta manera tan detestable!


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