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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 244

—No se preocupe, usted solo encárguese de reservar la habitación, dele esto a Patricio para que se lo tome y llévelo al cuarto. Yo me encargaré de llevar a mi hermana allá.

Dicho eso, le entregó a Norma un pequeño paquete con polvo blanco, cuidando de que nadie las viera.

—¿Esto es seguro?

—Claro que sí, es solo algo para que los hombres se sientan un poco más... cariñosos al ver a una mujer. No le hará ningún daño.

—Perfecto, así está bien. Te agradezco el esfuerzo —dijo Norma, tomándole las manos con familiaridad y lanzándole una mirada cómplice.

—No es molestia. La última vez, por mi torpeza, casi le arruino el rostro a usted. Me he sentido tan culpable que esta vez haré todo lo que esté en mis manos para que salga bien.

Valeria fingió devoción, aprovechando para recalcar que lo de la vez pasada había sido un accidente y no un intento de lastimarla.

—No te preocupes, eso ya está olvidado. Solo encárgate de que esto salga a la perfección —respondió Norma con la misma hipocresía.

Al fin y al cabo, su piel ya estaba sana. Mientras Valeria lograra este objetivo, no le importaba nada más.

En el futuro, el treinta por ciento de las acciones de Alba terminaría en manos de la familia Quintana.

¿Qué más podía pedir?

Cuando Norma se alejó, una sonrisa fría e imperceptible se dibujó en los labios de Valeria.

Sabía perfectamente que Norma solo quería utilizarla, pero ella también estaba usándola a su favor.

Un destello calculador cruzó por sus ojos mientras planeaba cómo darle la vuelta a la situación.

¿Ayudar a amarrar a Alba y a Patricio para toda la vida?

¡Por supuesto que no!

¿Cómo iba a permitir que esa cualquiera se quedara con Patricio, regresara a la familia y fuera aceptada de nuevo por sus hermanos y padres?

Ni en sus sueños.

El verdadero propósito de Valeria era muy distinto de la fantasía perfecta que Norma tenía en la cabeza.

Así, con una actitud de lo más natural, caminó hacia Alba sosteniendo la bebida.

Se había quedado observando desde un rincón a esa mujer que tanto despreciaba.

La maldita desgraciada seguía pegada al señor Góngora sin una pizca de vergüenza. Verlos reír y hablar con tanta confianza le perforaba los ojos.

Ese fuego ardiente de los celos volvió a encenderse en su pecho, quemándole las entrañas de dolor.

¡Tenía ganas de lanzarse sobre ella y arrancarle esa sonrisa de cualquiera a puros rasguños!

Pero se contuvo. Ahora lo más importante era el plan.

Sin mostrar sus verdaderas emociones, Valeria adoptó una expresión de ansiedad y esperanza al hablarle a Alba:

—Alba, por favor, no te enojes con nuestros hermanos por lo que pasó hace rato. En realidad, Mateo e Isaac se sienten muy culpables por cómo te trataron antes.

—Vine a buscarte para disculparme en su nombre. ¿Podrías perdonarlos?

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