Valeria miraba a Alba con cuidado y le ofreció el jugo de naranja con las manos ligeramente temblorosas.
Luego, levantó la mirada poco a poco. Sus ojos, brillantes y llenos de expectativa, se fijaron en ella sin parpadear.
Cualquiera que no supiera la verdad creería que sentía una profunda admiración por Alba y que eran hermanas con una relación entrañable.
Alba, con los brazos cruzados, la miraba divertida.
Esos ojos suyos, que sin una gota de maquillaje poseían una belleza impactante, desbordaban un sarcasmo relajado e imponente.
Brillaban como las estrellas más hermosas en la noche, con una luz astuta y cautivadora que hacía que Valeria la odiara y le tuviera más envidia que nunca.
¿Qué pretendía esa mujer mirándola de esa manera?
Si no fuera por su propio plan, Valeria jamás se habría rebajado a actuar en frente de ella.
—Alba, aunque estuvo muy mal que golpearas a nuestros hermanos y a Patricio, te entiendo, después de todo ellos también cometieron errores —dijo Valeria, adoptando un tono débil mientras le acercaba de nuevo el vaso de jugo.
—Para tener la cabeza hueca, hablas con mucha soltura.
Alba aún no había dicho nada, pero Liam Góngora se le adelantó desde un lado.
—¿Eh? —Valeria se quedó en blanco por un segundo, sin procesar el comentario.
Inconscientemente, sintió que este importante hombre le estaba prestando atención, y emocionada, lo miró un poco más de la cuenta.
En su mirada se asomaba un toque de coquetería, como si estuviera intentando seducirlo.
—¿Qué tanto me miras? No pensarás que soy como ese idiota de Patricio, ¿crees que puedes seducirme? —Liam la miró con absoluto asco y dio un paso hacia atrás—. ¡Hazte a un lado!
Su actitud, su gesto de desprecio y esas palabras hicieron que el rostro de Valeria perdiera todo su color al instante.
¡En toda su vida, ningún hombre le había hablado de esa forma en su cara!
—Tranquila, tranquila, me tomo tu bebida y ya está. Pero no llores.
Alba se burló de ella una vez más, tomó el vaso de jugo de naranja de sus manos y, mirándola a los ojos, se lo bebió de un solo trago.
Valeria, que estaba a punto de escupir sangre del coraje, sintió un poco de alivio al ver que se tomaba el jugo obedientemente, y su expresión se relajó un poco.
—Alba, no estoy llorando, solo creo que, como familia, no deberíamos hacernos esto.
—Ya que sientes que no puedes perdonarlos, no me meteré más en el asunto. Mi mamá me estaba buscando, iré a ver qué necesita.
Como ya se había bebido el jugo, Valeria no quiso seguir perdiendo el tiempo actuando, así que inventó una excusa y se dio la vuelta sin dudarlo.
Unos pasos más adelante, vio a Norma subiendo hacia las salas de descanso del segundo piso.
Ja, sabía perfectamente que esa mujer estaba espiando; de lo contrario, no habría gastado energía armando toda esa escena.

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