'¡Este programa está buenísimo, es mejor que una novela de intrigas!'
El director se secó el sudor de la frente; el desarrollo del reality había superado cualquier expectativa.
Miró los datos en tiempo real: la audiencia había roto el récord histórico del programa y el número de comentarios era el triple de lo habitual.
—Ejem... ya que terminaron el reto, es hora de preparar la cena —intervino el director para calmar las aguas—. Alba tiene prioridad para elegir sus ingredientes.
Alba no le prestó atención al drama y se dirigió directamente a la cocina.
Se ató el delantal con destreza y seleccionó unas cuantas verduras frescas y un buen trozo de carne de cerdo. La estufa era de leña, de esas antiguas que requerían encender el fuego a mano.
Las demás invitadas se quedaron mirándose unas a otras sin saber qué hacer. Solo Camila se acercó, se agachó y le ofreció un puñado de paja seca.
—¿Sabes encenderlo? —preguntó Camila.
Alba tomó la paja y esbozó una leve sonrisa.
—Observa.
Con total maestría, deshizo la paja para airearla, la encendió con un fósforo y la introdujo con cuidado en la base de la estufa, agregando ramas delgadas encima.
Las llamas cobraron vida en cuestión de segundos; luego añadió unos cuantos troncos más grandes y el fuego rugió con fuerza.
Todo el proceso fue tan fluido y natural que las demás se quedaron con la boca abierta.
Los comentarios volaban en la pantalla.
'¡Qué profesional para encender el fuego!'
'¿Qué clase de vida tuvo Alba? ¿Por qué es tan buena en esto? ¡Parece que lo sabe todo!'
'De pronto se me hace muy misteriosa...'
Valeria, parada en un rincón, clavó las uñas en las palmas de sus manos.
Quería ver a Alba hacer el ridículo y terminó dándole la oportunidad de lucirse.
En poco tiempo, un aroma exquisito inundó el lugar y los platos comenzaron a llenar la mesa.
Todas estaban boquiabiertas.
La comida que Alba preparó lucía y olía espectacular: verduras salteadas, estofado de cerdo, ensalada fresca de pepino y una olla humeante de sopa de vegetales.
Lucía tragó saliva, incapaz de contener su asombro.
—¡Huele increíble! Alba, no sabía que cocinaras tan bien.
Sofía se acercó con los ojos brillando de emoción.
—¿Podemos probar un poco?
Alba asintió sin darle mucha importancia.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada