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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 295

Tal como Valeria esperaba, al escuchar sus palabras, Sara reaccionó instintivamente y exclamó:

—¡¿Cómo voy a dejar que te humilles así?! ¡Me niego a creer que el Grupo Moreno no pueda resolver un asunto tan pequeño!

En ese preciso instante, Eduardo Moreno llegó a casa, agotado por el trabajo.

Se acababa de quitar los zapatos cuando vio a su esposa acercarse a toda prisa, hecha una furia.

—Eduardo, qué bueno que llegas. ¡Esa malagradecida de Alba está obligando a Vale a pedirle perdón en cadena nacional, a ella y a esa cantante de quinta!

—La llamamos hace un momento, intentamos hablar por las buenas y buscar otra salida. Pablo hasta le rogó, ¡pero la muy terca no quiere escuchar!

—¡Casi me da un infarto por culpa de esa mocosa! Menos mal que Vale estuvo aquí para calmarme. Tú siempre has consentido a Vale, ¡tienes que intervenir en esto!

A estas alturas, Sara ya no sabía distinguir quién era su verdadera hija. Suplicaba por Valeria, una y otra vez, buscando que su esposo la salvara.

Y lo hacía de todo corazón, con el deseo genuino de protegerla.

Eduardo, por supuesto, estaba al tanto de la situación. Sabía perfectamente el descontento que había dentro de la empresa por todo este escándalo.

La noticia estaba en boca de todos. Muchos socios habían cancelado contratos, y la reputación tanto de Moreno Media como del Grupo Moreno estaba en caída libre.

En realidad, él también había intentado llamar a Alba para hablar con calma e interceder por Valeria.

Su idea era la misma que la de Mateo: buscar un acuerdo en el que ambas partes salieran ganando.

Si Alba dejaba pasar el asunto y aclaraba públicamente que Valeria no se había metido en su relación ni había hecho playback, él haría que su hijo mayor le diera los mejores recursos de la industria.

Cada vez era más consciente del talento y la capacidad de su hija biológica; el éxito de su agencia era inevitable.

Pero jamás se imaginó que su hija lo rechazaría de tajo y le colgaría el teléfono en la cara.

Pero tenía que agotar su última carta.

—Pidas perdón o no, las pruebas ya están sobre la mesa. Mejor discúlpate de una vez y evita que las cosas empeoren.

Mateo, que había estado callado un buen rato, lanzó ese comentario de forma intencional.

Aunque no había dicho nada, había estado observando detenidamente la interacción de Valeria con su madre y sus hermanos.

Había notado cada pequeño gesto, las miradas furtivas hacia sus ingenuos hermanos, y esas frases cargadas de doble sentido diseñadas para manipular la situación.

De repente, al pasar de jugador a espectador, notó un montón de detalles que antes se le habían escapado.

Si no fuera porque su propio cuello estaba en juego ahora mismo, seguramente él también estaría bailando al ritmo que tocaba esa mujer, ¿verdad?

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