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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 353

Mateo lo observó tan arrepentido y miserable que, de pronto, sintió un gran alivio.

Al menos, no era el único al que habían tratado como a un idiota, y encima, su despertar venía acompañado de mucha más furia y arrepentimiento que el suyo.

Sí, viéndolo de esa manera, sintió que su propio dolor ya no era para tanto.

—Entonces, simplemente corta tus pérdidas a tiempo.

Aunque por dentro se burlaba, Mateo fingió una expresión de lástima y le ofreció un buen consejo.

—¿Tú crees que pueda? Ahora mi madre insiste en atarnos de por vida, ¿cómo se supone que corte mis pérdidas?

Claramente las cosas iban de mal en peor, pero su madre insistía en pintarlo como si fuera la mejor decisión del mundo.

Mateo estuvo a punto de soltarle un "¿quién te manda a ser un hijito de mamá?", pero al final se contuvo y no dijo nada.

Después de todo, se veía más patético que él, y por ser su amigo de la infancia, decidió dejarle un poco de espacio para respirar.

—Mejor no hablemos más, come; con el estómago lleno te sentirás menos miserable.

Dicho esto, tomó el menú sin dudarlo y agregó una orden del mejor corte de carne Angus que tenían en el restaurante.

Esperaba que ese filete pudiera consolar el pobre y lastimado corazoncito de su amigo.

Patricio, repentinamente "consentido" de esa forma, sintió que había algo sumamente extraño en la situación.

Pero en ese momento, se sentía tan mal emocionalmente que su cerebro parecía no procesar bien, así que no tenía ánimos para pensar demasiado.

Por lo tanto, cuando le sirvieron aquel filete de lujo, Patricio lo comió con mucho gusto.

En ese preciso instante, Alba Moreno, que había invitado a Valentina Navarro, entró al restaurante.

—Alba, tienes que probar el filete y el crème brûlée de este lugar, son verdaderamente exquisitos.

Valentina se lo recomendó muy contenta, luciendo como alguien que frecuentaba el lugar a menudo.

Y así era; normalmente Alba nunca venía por allí. Si no fuera porque Valentina le insistió, rara vez se acercaría a esa zona.

Todo porque en el pasado, Valeria solía presumirle que a Patricio y a Mateo les encantaba llevarla a cenar a ese lugar.

Y justo allí, Patricio levantó la mirada y vio entrar a Alba.

Su estado de ánimo, que hasta hace un segundo estaba por los suelos, se llenó de un éxtasis instantáneo.

¿Se le podía llamar a esto el destino?

Había salido a comer casualmente, justo a un lugar al que ella casi nunca iba, ¡y aún así se encontraron!

Valentina notó la incomodidad de Alba, siguió su mirada y entendió todo al instante.

Porque ella también acababa de ver a la persona que no quería ver.

Por su parte, Mateo, que tampoco estaba del mejor humor, sintió un fuerte vuelco en el corazón al ver a Valentina.

—Valen, qué casualidad encontrarnos, ¿vienen a sentarse con nosotros?

Pero la Valentina de ahora era mucho más firme que la chica dócil de antes, y ni siquiera se dignó a dirigirle una mirada.

Tiró suavemente del brazo de Alba y susurró: —Ignóralos, reservé un buen lugar junto a la ventana, vámonos.

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