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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 365

—Vale, no seas tan modesta. Siempre estudiaste esto, debiste venir a la empresa desde el principio. Esa industria del entretenimiento casi desperdicia tu potencial.

Su hermano mayor siempre decía que Vale era un lastre, pero en realidad era él quien no sabía reconocer su talento.

Vale no tenía dotes artísticos, pero era una promesa en el mundo de la medicina natural. Un problema que dejó perplejos a los expertos, ella lo resolvió en cuestión de días.

¿Qué demostraba eso? Demostraba que había nacido para esta industria y que debía dedicarse a lo que mejor sabía hacer.

—Tampoco es para tanto, Pablo, exageras. Lo que pasa es que me sentía triste por lo que pasó en el mundo del espectáculo.

—Luego me enteré de que papá y mis hermanos estaban preocupados por los problemas de la empresa, y como no tenía proyectos, aproveché mi tiempo libre para concentrarme en buscar una solución.

Por supuesto, Valeria jamás le confesaría a nadie que el remedio no lo había inventado ella, sino que se lo había entregado su madre biológica.

Ahora más que nunca, creía que su madre era todopoderosa, muchísimo mejor que la tonta de Sara Moreno.

Si no fuera porque Sara era tan generosa y la consentía tanto, la habría descartado hace tiempo.

—Basta ya de modestias. Vámonos, vayamos juntos a inspeccionar los campos de cultivo.

Pablo sentía que su hermanita era perfecta en todo, excepto en que era demasiado humilde; nunca quería presumir de sus logros.

Esa habilidad suya no se aprendía de la noche a la mañana. Sin duda la había mantenido oculta, sin decírselo a nadie por pura discreción.

Mateo, su hermano mayor, siempre se quejaba de que ella era inútil, y esta vez se negó rotundamente a guiarla en la empresa, pasándole la responsabilidad a él.

Ahora Pablo sentía que el que tenía un tornillo suelto era Mateo.

Si no estuviera mal de la cabeza, ¿cómo iba a dejarle a cargo a una hermana tan brillante?

Pero mejor así; en el futuro, Mateo se quedaría con la boca abierta y se llevaría una buena sorpresa.

Con esos pensamientos felices, Pablo tomó la mano de Valeria, listo para llevarla a los campos de cultivo.

Con semejante despliegue, cualquiera creería que se trataba del mismísimo presidente del país en una gira de inspección.

Pero a esos hermanos siempre les había gustado el drama innecesario, así que a Alba no le sorprendió en absoluto. Valeria, en cambio, estaba radiante de orgullo y satisfacción.

A ella le fascinaban esas demostraciones de grandeza, sobre todo sabiendo que ella era la única capaz de resolver el problema.

Cuando toda la comitiva llegó a la base de cultivo, se encontraron frente a un enorme campo repleto de plantas y flores de todos los colores.

Aunque a simple vista parecían hermosas flores decorativas, en realidad poseían un inmenso valor medicinal.

Incluso desde la distancia, antes de acercarse a la tierra, ya se podía percibir un aroma herbal fresco y agradable.

Ese olor no era invasivo ni demasiado débil; flotaba sutilmente en el aire, envolviendo los sentidos de los presentes y dándoles una sensación inmediata de bienestar.

Alba respiró hondo, maravillada en su interior. Su abuelo realmente era merecedor del título de dios de la medicina.

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